Iván
Rodrigo García Palacios
Del
buen sentir al bien pensar
M.
C. Echer, Banda sin fin
Medellín - 2013
Para
Cristina y Nicanor:
La
ciencia no es hacer un hijo, sino saber criarlo.
Contenido
1.
Introducción: aprender a sentir para aprender a pensar
2.
Del buen sentir al bien pensar
3.
¿Humanización o desnaturalización?
4.
Yo soy mis recuerdos
5.
¿Son la misma cosa hombres y mujeres?
6.
Mí cerebro y yo: amo o esclavo, amigo o enemigo
7.
¿Qué es el pensamiento? ¿Cómo y por qué se piensa?
1. Introducción
Aprehender
a sentir para aprender a pensar
Cuando
los antiguos griegos empezaron a explorar y formalizar su visión,
relaciones y concepciones sobre la naturaleza de la Naturaleza y de
la naturaleza de la vida y de la existencia de los Homo-Humanos, se
inició un proceso cultural de desplazamiento de la importancia del
sentir hacia la prevalencia del pensar como fundamento y propósito
de la existencia.
De
esa forma y hasta ahora, las ciencias, las filosofías, las artes,
han privilegiado y hasta sobrenaturalizado el pensamiento y el
conocimiento (logos), por sobre el sentimiento (pathos),
como fundamentos primordiales de la naturaleza humana, consumando de
esa manera la escisión, disociación y enajenación, de la
conciencia humana entre cuerpo, conciencia y consciente, las que ya
habían sido plantadas desde cuando las primeras cosmogonías,
mitologías y religiones patriciales suplantaron y destruyeron las
primitivas, naturales y directas conexiones y relaciones matriciales
de los Homo-Humanos con la Madre Tierra, consigo mismos y con los
otros, generando así la esquizofrenia y la paranoia que desde
entonces los agobian como patologías de su existir.
También,
desde entonces y en lucha desigual contra las ideologías dominantes,
las ciencias, las filosofías, las artes, de visiones y concepciones
materialistas de la Naturaleza, la vida y la existencia, han puesto
en evidencia y denunciado la desnaturalización y las patologías que
eso implica para los Homo-Humanos.
Hasta
ahora, cuando los avances de las ciencias y las tecnologías han
permitido mirar y comprobar la naturaleza material del Homo-Humano,
sin perder por ello de vista su Espíritu, ese anhelo de futuro, esa
propiedad y cualidad inalienable de su materia que lo empuja a
extender sus manos hacia las estrellas.
Es
del qué, cómo y por qué de la expresión de ese Espíritu que
tratan los apuntes que he reunido en los siguientes escritos, los que
son el resultado del sentir, contemplar y reflexionar sobre aquellos
asuntos que desde "el principio" han preocupado a los
Homo-Humanos: ¿Qué es y cómo y por qué se es humano?
Pero, a diferencia y en contra del
paradigma aun dominante que considera el pensamiento como atributo
supremo, mi atención se dirige al sentir como el origen de la
conciencia y del consciente en la naturaleza de la vida y de la
existencia, así como que es el punto de partida del pensar y de la
manifestación de los otros atributos no menos supremos: el placer y
el dolor, puesto que ellos son las pesas con las que se miden la
felicidad y el sufrimiento, algo así como el bien supremo y el mal
supremo a los que, ciencias, filosofías y artes, han luchado por
dominar. La armonía de cuerpo y Espíritu.
Por
ello propongo que la mejor y la más saludable forma de ser humanos
empieza con el aprehender el buen sentir, para desde
allí aprender el bien pensar, porque lo bueno es un
asunto de sensaciones/sentimientos 1,
algo puramente fisiológico, en tanto que el bien es
más un concepto ético-moral.
Para
expresarlo con las figuras y motivos de aquellos antiguos griegos,
digo que éste asunto, como en aquel entonces, es la lucha entre los
dioses sin religiones: Dionisios y Apolo, en el escenario de la
Tierra, la Gran Diosa Madre.
Y,
por que son sólo apuntes, espero se me disculpen los errores y
repeticiones, los que espero no impidan que los lectores puedan sacar
provecho de mis propuestas, las que en buena parte son, como me gusta
llamarlas, hipótesis descabelladas, pues no me atrevo a calificarlas
de originales pero si de atrevidas.
2.
Del buen
sentir al bien
pensar
"(...)
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo
serán, mas polvo enamorado".
(Francisco
de Quevedo y Villegas, Amor constante más allá de la muerte).
1.
En el principio, el universo
Me
siento en la obligación de repetir una cita de Goethe que he
utilizado antes, porque allí se dice mejor lo que voy a decir:
"Si el físico puede llegar a
conocer aquello que hemos llamado un fenómeno primigenio, queda
entonces aliviado, y el filósofo con él. El primero porque está
convencido de haber llegado a los límites de su ciencia, de que se
encuentra en las alturas empíricas, desde donde, hacia atrás, puede
vislumbrar la experiencia en todos sus niveles, y, hacia adelante, el
reino de la teoría, donde puede penetrar. El filósofo queda
aliviado porque toma del físico algo último, que para él se
convierte en algo primero"(J. W. Goethe, Teoría de los
colores).
Sin
pretender de filósofo y menos de científico, también me siento en
la obligación de afirmar que los actuales descubrimientos de las
ciencias y en particular los de las neurociencias, son "un algo
penúltimo" y, por tanto, "un algo primero" para
quienes nos preocupamos por contemplar y comprender en lo desconocido
de la naturaleza de la Naturaleza y de la naturaleza del Homo-Humano
y de su existencia.
Sin
necesidad de una lectura especializada, lo que se puede entender de
esos descubrimientos científicos y su conexión con la naturaleza
del Homo-Humano, es, sucintamente:
Todo
lo que se diga del universo y de la naturaleza, son nombres y
conceptos inventados por el Homo-Humano para ordenar y medir todo
aquello que percibe 2
y siente con los códigos que inventa y mediante los cuales organiza,
imagina, piensa, memoriza, recuerda, expresa y comparte sus
sensaciones de Ser y Estar en el mundo.
El
universo es materia/energía en permanente movimiento y todo cuanto
en él existe, lo es según su Ley, incluso la soberbia del
Homo-Humano.
A
la naturaleza le repugnan el vacío y el desorden, por ello, la
materia/energía siempre esta en lucha por llenarlo y ordenarlo todo.
La
materia/energía es y actúa en las dos dimensiones fundamentales que
ha establecido y conceptualizado el Homo-Humano: espacio y tiempo.
El
Homo-Humano es materia/energía que siente, se siente, actúa,
imagina, piensa, se expresa y anhela (el espíritu es el anhelo de
futuro).
Se
imagina y se piensa, porque se siente. El Homo-Humano es carne que se
hizo verbo. ... Un verbo que quiere ser dios.
Sentir
es un proceso biológico que se produce a partir de las propiedades y
cualidades de la materia/energía organizadas en un código:
reaccionar: atraer y rechazar.
Un
código es la organización de materia/energía que "recuerda"
y activa las propiedades y cualidades de la materia/energía y de los
compuestos que con ella se forman y trasforman, para provocar las
reacciones: atraer y rechazar, moverse.
A
partir de estas propiedades y cualidades codificadas de la
materia/energía, se derivan todos los códigos habidos y por haber,
desde el simple intercambio de materia/energía en la más minúscula
de las partículas (conocidas o por conocer), hasta los más
complejos códigos inventados por la imaginación y el pensamiento
del Homo-Humano, con los cuales se conocen, se saben y se explican,
todos los fenómenos y sucesos de la materia/energía.
Códigos
son pues, los que permiten definir, conocer, saber y explicar ese
intercambio de materia/energía que forma y trasforma los objetos
simples y compuestos en los que se organiza la materia/energía,
desde el más simple de los átomos con sus fuerzas y cargas de
energía positiva y negativa que forman y trasforman los átomos,
moléculas, etc., hasta la más abstracta de las cosas imaginables y
pensables. Código es el sencillo ADN del microorganismo que se
replica a sí mismo, como lo es el ADN sexualizado, dividido por la
evolución en los cromosomas X y Y, productor de las formas de vida
complejas existentes.
En
fin, códigos son las complejas reacciones físico-químicas por las
cuales se producen las sensaciones y, a partir de estas, ya
codificadas, se siente que se siente, se tiene conciencia y una mente
que es la memoria del cuerpo 3,
y, esa conciencia, hace posible inventar lo consciente, es decir,
codificar, dar nombre a las sensaciones, la imaginación, el
pensamiento, la memoria 4.
La
mecánica biológica de esas codificaciones físico-químicas es
asunto en el que las neurociencias están realizando sus
exploraciones, siempre en un "un algo penúltimo" que, sin
embargo, nos permite establecer "un algo primero", a partir
del cual formular la hipótesis, así sea descabellada, según la
cual el Homo-Humano se está desnaturalizando, es decir, está
desarrollando una cultura 5
para la cual el cuerpo y el cerebro todavía no han evolucionado y,
en consecuencia, se deforman y atrofian tanto fisiológica como
mentalmente.
De
las deformaciones y atrofias fisiológicas, más evidentes, ya las
ciencias se están haciendo cargo de manera positiva. Sin embargo, de
las deformaciones y atrofias mentales, mucho menos evidentes, es poco
lo que se hace y se sabe, debido a que los prejuicios
trascendentalistas y exepcionalistas de la dualidad cuerpo/alma, aun
impiden considerar al Homo-Humano sólo como a un cuerpo que siente,
imagina, piensa, recuerda, actúa y anhela, que es lo que lo hace
trascendental y excepcional.
2.
Desnaturalización del Homo-Humano
La
evolución biológica es un proceso muy lento, extenso, complejo y
casi impredecible, que se tarda miles y hasta millones de años en
producir las mutaciones y adaptaciones necesarias para consolidar las
propiedades, cualidades y operación de un órgano o partes del mismo
en los individuos de una especie, máxime de la complejidad de la
especie Homo-Humano.
La
evolución cultural, por su parte, es mucho más rápida y se produce
y reproduce por la acción voluntaria o involuntaria de los
Homo-Humanos, hasta el punto de superar o poner en peligro la
sobrevivencia, reproducción y adaptaciones de la especie. Algo que
ha ocurrido con mayor frecuencia que las mismas catástrofes
naturales que casi han provocado la extinción. Ese riesgo está
amenazando ahora al Homo-Humano, por una parte, la desnaturalización
del planeta, ya evidente y demostrada. Por la otra y mucho menos
evidente, la cultura está desnaturalizando la gestación, la crianza
y el desarrollo de los recién nacidos, hasta el punto de dejarlos
desprotegidos, deformados y atrofiados, para sobrevivir, reproducirse
y adaptarse en su Ser y Estar en sí mismos y en el mundo.
En
ese escenario, la especie Homo-Humano está en una encrucijada
evolutiva: tanto su cuerpo como su cerebro no están lo
suficientemente adaptados para las condiciones y circunstancias que
ha desarrollado con la cultura.
Como
lo están demostrando las ciencias médicas evolutivas, la evolución
del cuerpo se corresponde todavía a las condiciones ambientales del
hombre de la Edad de Piedra. Lo anterior es igualmente válido, por
correspondencia, para la evolución del cerebro y la mente, aun
cuando todavía no haya sido estudiado por las ciencias biológicas
evolutivas.
Las
ciencias médicas evolutivas están demostrado que el cuerpo del
Homo-Humano actual se corresponde para las actividades físicas, la
dieta alimentaria y las condiciones ambientales de la Edad de Piedra.
Lo mismo habría que demostrar sobre el cerebro y la mente, su
conformación, actividades y funcionamiento.
Al
igual que las ciencias biológicas evolutivas, que han establecido
que el cuerpo del Homo-Humano actual se corresponde para las
condiciones del Homo-Humano de la Edad de Piedra, lo mismo podría
considerarse para la evolución cerebral y mental, porque, de la
misma forma que la dinámica física y fisiológica del cuerpo no ha
evolucionado ni se ha adaptado a las circunstancias y condiciones
físicas desarrolladas por la cultura, tampoco lo ha hecho el cerebro
que es el órgano en el cual se genera la mente, la que es la imagen
y la memoria del cuerpo.
Son
muchas y evidentes las causas y efectos de las deformaciones y
atrofias mentales que es posible identificar como consecuencias de
ese proceso de desnaturalización cultural.
En
consecuencia, como Homo-Humano con cerebro y mente evolucionados y
adaptados para las circunstancias y condiciones de la Edad de Piedra,
todavía no le es posible afrontar adecuadamente los desarrollos que
ha logrado la cultura.
Así
como el cuerpo no ha evolucionado ni se ha adaptado para la actividad
física ni a la dieta alimenticia actuales ni a las condiciones
ambientales, tampoco lo han hecho ni el cerebro ni la mente para
afrontar los estímulos y la hiperinformación que produce y procesa
la cultura actual a velocidad exponencial.
El
cerebro y la mente, por una parte, están siendo sobresaturados y
desbordados por la inmensa cantidad, potencia y velocidad, de los
estímulos y la información que reciben y que son incapaces de
procesar y asimilar. Y, por la otra, menos evidente, pero igual o
peor de dañino, a medida que la cultura acelera su desarrollo
científico y tecnológico, en casi la misma proporción acorta o
disminuye el período de crianza y desarrollo físico, mental y
emocional de los recién nacidos que enfrentan así su Ser y Estar en
el mundo sin la preparación adecuada y casi totalmente desprotegidos
e indefensos.
Por
ejemplo, para un recién nacido de la Edad de Piedra y hasta para los
de tiempos todavía no muy remotos, el período de crianza y
desarrollo se extendía hasta la adolescencia y aun, durante ésta,
en una transición lenta durante la cual experimentaban y aprendían
jugando o sin cargar con el peso de responsabilidades abrumadoras. Un
largo período de tiempo durante el cual el niño y el adolescente
ejercitaba el sentirse a sí mismos y al mundo, para así aprender y
aprehender como saber actuar, imaginar, pensar, anhelar. Las
ciencias evolutivas ya han demostrado que ese extenso período de
crianza fue una de las ventajas evolutivas del éxito del Homo-Humano
como especie.
Como
ventaja evolutiva, ese largo período de crianza permitía que el
cerebro y la mente formaran y desarrollaran saludable, adecuada y
firmemente los circuitos neuronales mediante los cuales percibir,
sentir, interpretar y actuar, en el tiempo y el espacio y, en
consecuencia, para desarrollar las actividades mentales superiores.
Desde
el mismo momento de la fecundación del óvulo por parte del
espermatozoide, se genera el código genético, el ADN, particular y
propio de cada individuo, el que regirá el desarrollo biológico y
que, por supuesto, condicionará los demás desarrollos del
Homo-Humano, como especie, en el ambiente y en la cultura.
Cada
Homo-Humano está dotado de un código genético, ADN, particular y
propio que es el resultado de la unión de los códigos genéticos de
sus padres y de las particulares variaciones y mutaciones resultantes
de esa unión. En consecuencia, cada Homo-Humano, es único, tanto en
lo biológico como en lo existencial.
Por
lo anterior, los procesos biológicos y culturales del desarrollo del
Homo-Humano, serán particulares y propios para cada individuo, por
lo que el desarrollo biológico y existencial de cada individuo será
particular y propio.
Cada
individuo se desarrolla de acuerdo con el despliegue del repertorio
de sus determinantes biológicos en el ámbito de sus
condicionamientos culturales, todo lo cual es particular y propio
para cada individuo.
Sin
embargo, el Homo-Humano tiene en común con todos los individuos de
su especie los mecanismos biológicos que lo forman y trasforman: un
cuerpo que se mueve, siente, se siente, imagina, piensa, memoriza,
actúa y se expresa, pero, en el cual, ese moverse, sentir, sentirse,
imaginar, pensar, memorizar, actuar y expresarse, se desarrollan y
expresan de forma particular y propia, eso es lo que hace a cada
individuo único tanto en lo biológico como en lo existencial.
Del
desarrollo biológico se ocupan las ciencias biológicas y del
desarrollo existencial las ciencias sociales y humanas. Más
avanzadas las primeras en lo concerniente al conocimiento de la
naturaleza biológica humana, mientras que las segundas apenas están
empezando a tomar de aquellas los conocimientos necesarios que les
permitan explicar las conexiones entre esa naturaleza biológica y el
desarrollo y funcionamiento de los mecanismos biológicos en el
desarrollo existencial.
Las
ciencias biológicas han explorado y mostrado los procesos y el
funcionamiento del moverse, sentir, sentirse, imaginar, pensar,
memorizar, actuar y expresarse, en el cuerpo humano. Algo de ello,
han asumido las ciencias sociales y humanas para explicar el
desarrollo y el comportamiento humano. Sin embargo, dada la magnitud
y complejidad, tanto de lo uno como de lo otro, apenas es posible
plantarse algunas explicaciones y respuestas a las preguntas que se
suscitan.
En
esas condiciones y en el marco de la hipótesis propuesta atrás, voy
a especular con algunos de los asuntos expuestos para explicarme el
qué, cómo y porqué, el Homo-Humano ES y ESTÁ en el mundo.
3.
Del buen sentir
Parto
de una parodia que me permite desmontar el dualismo cartesiano:
Siento
luego existo.
Existo
luego pienso.
Pienso
luego soy.
Anhelo
luego poseo espíritu.
Como
lo dije antes, el Homo-Humano es y está en el mundo porque su cuerpo
siente y percibe con los sentidos de su cuerpo (los órganos
sensoriales), los estímulos físico-químicos mediante los cuales se
manifiesta la materia/energía en su interior y a su alrededor y los
procesa para sentir, sentirse y moverse, es decir: codificar la mente
(actuar, imaginar, pensar, memorizar y expresarse), que es lo que
hace humano al Homo-Humano.
El
cerebro es el órgano maestro del cuerpo mediante el cual procesa y
maneja la información que percibe y siente y desarrolla la mente que
es la imagen y memoria del cuerpo en todo momento.
El
recién nacido entra al mundo dotado de su cuerpo, de los códigos y
de los elementos necesarios para desarrollarlo y desarrollar los
códigos biológicos y los elementos para desarrollar los códigos
culturales por medio de los cuales cumplir los imperativos
evolutivos: supervivencia, reproducción y adaptación.
La
crianza del recién nacido es el período primordial de su
desarrollo. De la saludable atención a las necesidades fisiológicas
y mentales dependerá la salud y el adecuado cumplimiento de tales
imperativos, así como también de la salud mental del individuo,
aspecto fundamental del ser humano.
Por
una parte, los códigos biológicos (metabólicos, homeostasis, etc.)
procesarán de manera adecuada el desarrollo de cuerpo y mente y, por
la otra, la adecuada formación, aprendizaje y manejo de los códigos
culturales, producirán un Homo-Humano mentalmente saludable.
Del
desarrollo de los códigos biológicos, las ciencias de la salud han
descubierto amplio conocimiento. Del desarrollo de los códigos
culturales, las ciencias apenas están descubriendo los complejos
mecanismos del cuerpo, el cerebro y la mente.
Es
a partir de esos conocimientos que se puede proponer una crianza
adecuada que mitigue el impacto desnaturalizante de la cultura.
De
acuerdo con lo que dije atrás, el recién nacido está dotado de los
códigos biológicos y de los elementos para desarrollar los códigos
culturales. Son estos últimos los más desconocidos y por tanto los
más complejos. Sin embargo, se puede afirmar que lo fundamental para
el desarrollo de tales códigos culturales, es el desarrollo adecuado
de los circuitos neuronales de los sentidos, los procesos
sensoriales, para que de tal manera la mente aprehenda, aprenda y
comprenda su Ser y Estar en el mundo: tiempo, espacio y movimiento.
Biológicamente,
el cuerpo y la mente están dotados para reaccionar, es decir,
moverse hacia lo que lo atrae y huir de lo que rechaza. Ese primer
código se manifiesta en las casi infinitas variaciones de las
sensaciones de placer y dolor. A partir de tales sensaciones el
cuerpo y la mente desarrollan los códigos adecuados para el
movimiento y por lo tanto elaboran los mapas e imágenes mentales que
se corresponden con el espacio y el tiempo. Son esos códigos, mapas
e imágenes, a partir de los cuales se desarrolla toda la cultura del
Homo-Humano. En consecuencia, el desarrollo adecuado de tales códigos
determina las condiciones necesarias para el adecuado desarrollo del
individuo y su acción en la cultura.
Y,
¿cómo se hace?
Todas
las investigaciones neurocientíficas están de acuerdo en mostrar
que el Homo-Humano es un cuerpo y una mente que sienten y reaccionan
y que por ese sentir y reaccionar desarrollan los códigos que le
permiten sentirse (conciencia) y ser consciente, es decir, Ser y
Estar en el mundo: moverse, sentir, imaginar, pensar, memorizar,
actuar y expresarse.
Los
neurocientíficos explican ese Ser y Estar de diversas formas, para
el caso, cito al neurocientífico Marco Iacoboni:
"En el fondo, ¿qué es lo que los
seres humanos hacemos durante todo el día? Leemos el mundo,
en especial, a las personas con las que interactuamos" (Marco
Iacoboni, Las neuronas espejo, Katz, Buenos Aires, 2009, p. 13).
Y
he seleccionado esta cita porque Marco Iacoboni propone un concepto
acorde con la cultura: la lectura.
4.
Al bien pensar
Ese
proceso de desarrollo del Ser y Estar en el mundo, asimilado a un
complejo algoritmo, debe cumplir unas condiciones necesarias y
suficientes para que se produzca un resultado saludable.
El
Homo-Humano se desarrolla a medida que lee (experimenta) y se
convierte en lector, es decir, aprehende, aprende y comprende la
información que le suministran sus sentidos, así como aprehende,
aprende y comprende cómo manejarla y controlarla, todo ello de
acuerdo con el cumplimiento de las condiciones y requerimientos
adecuados de tiempos, espacios y movimientos, en cada momento, para
que así no se provoque una desnaturalización.
A
manera de descripción sencilla, se puede decir que el proceso se
inicia cuando el recién nacido empieza por conocer y explorar su
cuerpo, con lo que, prácticamente, establece la medida de todas las
cosas de su Ser y Estar, de su sí mismo y del mundo: placer, dolor,
hambre, frío, calor, tacto, sonido, comodidad, duración,
distancias, texturas, olores, colores, sabores, imágenes, tamaño,
peso, etc. En fin, las sensaciones a partir de las cuales pueden
elaborar todos los conceptos de espacio, tiempo y movimiento, que
determinan y condicionan la acción de su cuerpo y mente y, luego, a
partir de ello desarrollar el proceso de denominación, definición,
interpretación, etc., es decir, imaginar, pensar, memorizar, actuar,
expresar. De esa manera, de la salud y oportunidad del primer
proceso, depende la salud y oportunidad del siguiente y los
siguientes procesos: el desarrollo fisiológico, emocional e
intelectual. Es decir:
Del
buen sentir al bien pensar.
A
diferencia de otros animales con períodos muy cortos de crianza, el
Homo-Humano, como lo mencioné atrás, por evolución y por ventaja
evolutiva, requiere de un largo proceso de crianza, el mismo que la
actual cultura está desnaturalizando, haciéndolo cada vez mas
corto, por motivos que no es del caso analizar ahora, pero lo que
provoca el más negativo impacto en la formación y desarrollo de
individuos saludables y capaces.
Continuando
con la metáfora de Marco Iacoboni, el desarrollo, aprendizaje y
manejo adecuado de la lectura, es largo y complejo, más que en el
aspecto puramente intelectual, en los aspectos sensoriales,
emocionales, pasionales, sentimentales, o sea, en las actividades
mentales superiores.
Si
es complejo y largo el proceso para desarrollar, aprender, comprender
y manejar, adecuadamente la lectura de signos, letras, sílabas,
palabras, frases, párrafos, en fin, textos, conceptos, etc., y lo es
todavía más complejo, el desarrollo, aprendizaje y manejo de los
números, las matemáticas, las cantidades y medidas, lo es mucho más
complejo y difícil si antes no se ha desarrollado, aprendido,
comprendido y manejado, la lectura de los sentidos y si no se han
establecido los circuitos neuronales adecuados del cuerpo y la mente
en el mundo interior y exterior, para sentir, sentirse, moverse,
localizarse, aprehender, aprender, comprender, recordar, actuar,
imaginar, pensar y expresarse en el tiempo, el espacio, el
movimiento, etc. El existir en sí, con los otros y en el mundo.
3.
¿Humanización o desnaturalización?
"Mi buen señor Milo ¿qué me dice usted? Aprenda usted a hablar, hablar y hablar; lo demás vendrá por sí. Hable usted ex abundantia cordis, ab irato, in abstracto, o como sea, pero hable, hable y hable, eso es todo. Usted mismo se asombrará al ver cómo las ideas le vendrán conforme vaya hablando, cómo surgirá en usted la ciencia y lo llevará a todas las profundidades sapienciales. Generalmente, no sabrá usted lo que está diciendo y eso es porque estará inflamado por el fuego de la inspiración. Siempre convendrá que aprenda de memoria algunas expresiones que valen para todo. Hay que hablar mucho, por ejemplo, de la finalidad del arte, del ideal...". "- Mi querida Pipi, ¡qué verdad más grande me dijo aquel hombre! ¡Que presta acudió a mí la sabiduría a la vez que la palabra! He visto en el espejo cómo mi frente, arrugada de por sí, se pone elegantemente tersa cuando hablo del ideal, el arte o los poetas que no entiendo..." (E. T. A. Hoffmann, Reporte de un educado joven, Carta de Milo, un educado mono, a su amiga Pipi en Norteamérica, 1810).***"[...] por primera vez en mi vida, me encontraba sin salida [...] Había tenido hasta entonces muchas y ahora no tenía ninguna. Estaba atrapado. Si me hubieran sujetado con clavos, mi libertad de movimiento no hubiera sido menor [...] no tenía salida, pero la tenía que conseguir porque, sin ella, no podía vivir [...]; entonces dejé de ser mono [...].Temo que no se entienda puntualmente lo que yo entiendo por salida. Uso la palabra en su sentido más habitual y pleno. No pienso en ese gran sentimiento de libertad por los cuatro costados. Quizás lo conocí como mono y he conocido hombres que lo añoran [...].No; yo no quería libertad. Sólo una salida; a la derecha, a la izquierda, a donde fuera; no pedía otra cosa; aunque la salida no fuera más que un chasco; la petición era pequeña, así que el chasco no sería mayor. ¡Salir adelante, salir adelante! [...]. Visto desde aquí , me parece como si, al menos, hubiera adivinado que tenía que encontrar una salida si quería vivir, pero que esa salida no se conseguía mediante la huida. Ya no sé si la huida era posible, pero creo que sí; a un mono le tiene que ser posible la huida siempre [...].[...] Se me fue haciendo claro un objetivo elevado. Nadie me prometió que, si me volvía como ellos, se me liberaría del grillete [...] Repito; no me atraía imitar a los hombres; los imité sólo porque buscaba una salida, por ningún otro motivo.[...] Ay, uno aprende cuando hace falta; uno aprende cuando quiere una salida; uno aprende sin piedad [...] Merced a un empeño que hasta ahora no se ha repetido sobre la tierra, he alcanzado la formación media de un europeo. Tal vez eso no sea, en sí, gran cosa; pero algo será, cuando me ayudó a salir de la jaula y me procuró esta salida especial, esta salida humana [...]" (Franz Kafka, Informe para una academia, 1917).
Hasta
el comienzo de la civilización como proceso de trasformación y
domesticación de la naturaleza, el cuerpo del Homo-Humano evolucionó
y se adaptó acorde con las condiciones y tiempos de la necesidad. A
partir de allí, la evolución cultural impuso sus condiciones y
ritmo, la humanización, pero, al mismo tiempo, el cuerpo se
desnaturalizó, es decir, la evolución natural no ha podido adaptar
el cuerpo con la velocidad necesaria que le imponen la naturaleza y
necesidades desarrolladas por la cultura.
Lo
aterrador es que, a medida que la evolución de la cultura se
acelera, se acelera también la desnaturalización del cuerpo y, lo
peor, se incrementa la violencia con la que se le impone la cultura.
Mitos,
leyendas, fábulas, relatos, cuentan de dioses y hechiceros que se
trasforman en animales, de humanos que absorben el espíritu de
animales, de humanos que se trasforman en animales y viceversa, de
animales que hablan y se comportan como humanos, en fin, existe una
extraña fascinación cultural por la humanización y la
animalización que quizás explique el miedo a aceptar que el humano
es animal antes que humano y que, tener conciencia, pensamiento e
inteligencia, es sólo cuestión de sentir y sentirse, de tener
sentimientos y memoria, lo demás viene por añadidura: saber
reconocerse en un espejo o saber usar un objeto como herramienta o
saber hablar, leer, escribir, sumar y restar, etc.
La
diferencia entre el animal y el Homo-Humano, es que este último
evolucionó hasta poseer un cerebro con la capacidad de desarrollar
una memoria de más largo plazo, así como la capacidad de
conservarla, extenderla y trasformarla, en el espacio y en el tiempo,
más allá de su propio cuerpo (sentimiento, imaginación,
pensamiento y cultura), en un cuento maravilloso y aterrador.
Maravilloso, porque el animal se hace humano. Aterrador, porque el
humano se pretende dios y como dios, se empeña en desnaturalizarse.
Para
mi gusto, humanizarse es ingresar desde la naturaleza a ese mundo que
el Homo-Humano se ha inventado. Desnaturalizarse, es excluirse de la
naturaleza, pretender ser superior a ella, lamentarse de haber
perdido el paraíso y sentirse atrapado en un mundo extraño y ajeno.
No
debiera ser así. El Homo-Humano, antes que humano, es animal y como
tal, antes que excluirse de la naturaleza, debe, como lo hiciera en
tiempos remotos, humanizarse, hacerse humano en y a partir de la
naturaleza. Al fin y al cabo, la naturaleza es tan maravillosa que,
por aun desconocidos procesos, fue capaz de generarlo y producirlo.
Los mismos procesos que algún día, también, lo trasformarán ...
En qué, cómo y por qué, son las preguntas que se intenta
responder, no siempre de la mejor manera.
Para
el asunto que me interesa, humanizarse no es buscar una salida de la
naturaleza, sino, desde la misma naturaleza, alcanzar la naturaleza
humana: la materia que siente, se siente, actúa, recuerda, imagina,
piensa, se expresa y anhela (el espíritu es el anhelo de futuro). La
materia que crea una memoria de sí misma 6.
Es
esa memoria la que se humaniza o se desnaturaliza. Y se desnaturaliza
cuando el Homo-Humano, al humanizarse, destruye el vínculo con la
naturaleza, el de la primera memoria, la del sentir, la del sentirse
y la del sentimiento (placer, dolor, desear, imaginar, anhelar), y en
su lugar, violenta la creación de otra memoria, la memoria de la
cultura, la del hablar y la del comportarse (pensar), algo extraño,
ajeno, artificial.
Los
conceptos se originan en el sentir, en el sentirse y en los
sentimientos y no al contrario. Sentir, sentirse y sentimientos, son
las conexiones y correspondencias que establece el cerebro entre sus
propias sensaciones, las sensaciones que percibe por los estímulos
internos y externos, a partir de las y los cuales desarrolla la
memoria del cuerpo, es decir, la mente y, por consecuencia, las demás
memorias, los recuerdos, el pasado, el presente y el futuro, la
organización sensorial del espacio y del tiempo. De esta manera, el
cuerpo es la medida de todas las cosas.
Por
ello, cuando la cultura sustituye la sensación y los sentimientos,
como principios del sentido, el significado, para imponer el
concepto, destruye el vínculo con la naturaleza y, lo que era real,
deja de serlo para convertirse en idea, en representación y el mundo
deja de ser mundo sensorial y sensual, sustituido por el mundo
artificial de la representación de lo sensible, sin las originales
conexiones y correspondencias con los estímulos y las sensaciones y,
por lo tanto, sin conexiones ni correspondencias con la naturaleza
del cuerpo, un Homo-Humano escindido, disociado y aterrorizado, es
decir, esquizofrénico, porque se le ha escindido naturaleza de
inteligencia y se le ha puesto contra un abismo insalvable y
aterrador, se le ha convertido en paranoico. Así se forjan los
guerreros (esquizofrenia y paranoia en sus etimologías originales).
Ese
es el Homo-Humano habitante de un mundo abstracto, sin conexiones ni
correspondencias con el mundo natural, concreto, sensual, es como los
monos de Hoffmann y Kafka.
***
Como
lo propuso Spinoza: "La mente humana es la idea del cuerpo
humano" 7.
Entonces, es a partir del cuerpo que el Homo-Humano se conoce y
conoce. El cuerpo es el punto de partida, fundamento y desarrollo de
todo conocimiento. Antes que pensar, el Homo-Humano siente, se siente
y tiene sentimientos. En consecuencia, si ese sentir, sentirse y
tener sentimientos, no se desarrollan adecuadamente, la adquisición
y desarrollo del conocimiento del Homo-Humano, será inadecuado, es
decir, el Ser y Estar en el mundo del Homo-Humano será del tamaño,
espacio, peso y duración, así como del color, olor, sabor, sonido y
tacto, de como lo aprehendió, aprendió, comprendió y desarrolló,
en el cerebro. Y, en consecuencia, el desarrollo de los sentimientos.
El
conocimiento es lo que le da sentido (sensaciones, entendimiento y
sentimiento) al Ser y Estar en el mundo. El cuerpo del Homo-Humano
evolucionó hasta desarrollar un cerebro que desarrolla una mente que
es la memoria del cuerpo, en la cual se conservan, organizan y
manejan los recuerdos.
Ahora
bien, si esa memoria y esos recuerdos no se desarrollan adecuadamente
a partir de las sensaciones y sentimientos, porque se les impone y
sustituye por conceptos, el conocimiento será un vacío mecánico
sin correspondencia con el Ser y Estar en el mundo, porque los
conceptos los desplazan y remplazan, no por recuerdos sentidos, sino
por significados. Antes que ser concepto, el mundo fue sensación. El
concepto, antes que ser significado, fue sentido. Después, el
concepto será lo que sea.
El
concepto es un código para la organización y manejo (comprensión,
interpretación, etc.) del espacio y del tiempo de la memoria. Un
código que se elabora con gestos, señas, señales, signos,
palabras, números, imágenes, etc., lo que permite su conservación
y desarrollos.
A
manera de ejemplo, el cuerpo, la mente, está en el mundo y por los
sentidos se ubica en el espacio y en el tiempo, los percibe, los
siente, los organiza y los maneja: placer y dolor, luego les da
nombres y significados para manejarlos, desarrollarlos conservarlos y
expresarlos, en su existencia sensorial y racional.
Si
la mente del Homo-Humano ha percibido, sentido, organizado, en su
memoria mental, el placer y el dolor, el espacio y el tiempo, de
manera adecuada, es decir, como un placer y un dolor, un espacio y un
tiempo, que ni física ni emocionalmente son ni un enemigo ni un
amigo ni un algo para conquistar, domesticar, destruir o un algo
aterrador al que se ha sido desterrado desde un hipotético paraíso
(¿si existe vida después de la muerte, existió antes del nacer?).
Si ese algo es un espacio y tiempo en los que se siente placer o
dolor según se perciba, sienta, organice y maneje la ubicación y la
duración, con ello se codifica la memoria y con el manejo de los
recuerdos buscará y descubrirá lo que le es bueno o le es malo en
lo desconocido, así construirá el Ser y Estar en el mundo con la
única certeza de principio y fin.
Es
a partir de esa única certeza que los Homo-Humanos inventan los
códigos, ese es el primer código: tiempo y espacio referidos al
placer y al dolor. Luego vendrán los códigos del existir, de las
ciencias, de las artes y, por supuesto, de lo sobrenatural, que es
aquello que antes fue "lo desconocido" y que después se
codificó en cosmogonías y teologías.
Los
Homo-Humanos inventan códigos para conocerse, conocer y explicarse
su sí mismo y el mundo que los rodea, para preservar la memoria de
ese saber 8
y para relacionarse entre si.
Los
Homo-Humanos inventan códigos a partir de las percepciones y
sensaciones que les provoca la Naturaleza y, partiendo de ésta como
modelo, organizaron, manejaron y preservaron la memoria para así
conservarla, expresarla, compartirla e interpretarla.
Un
código es un sistema articulado de signos o señales o símbolos,
etc., mediante el cual se establecen o se asignan significados
particulares o generales a los mismos o a la combinación de varios
de ellos o a los resultantes de estas combinaciones y así
sucesivamente, hasta alcanzar el límite de tales combinaciones.
Un
código llega a su límite cuando el sistema que lo forma ya no es
capaz de asignar y establecer significados para organizar y explicar
los fenómenos y es necesario ajustar o inventar otro código.
Pero,
¿qué sucede cuando la mente aun no ha sido codificada?
Antes
de que la mente sea codificada, con y por los códigos de la cultura,
el conocimiento del Homo-Humano, de sí mismo y del mundo que lo
rodea, es un conocimiento sensorial y sensual cuya única referencia
son las sensaciones, es lo que se ha denominado un "conocimiento
total", pero ese es otro asunto.
Lo
que si es cierto, es que todo Homo-Humano es el resultado de sus
propios códigos biológicos y genéticos, los que se expresan de
forma particular en cada individuo. Así como que también cada
individuo será inscrito por y en los códigos de la cultura. Pero,
lo asombroso, es que cada individuo también creará con esa
codificación significados y sentimientos propios y particulares con
los que se se conectará y expresará en la comunidad de su especie.
Al
final de cuentas y por más que se pretenda homogeneizar y
estandarizar a la humanidad, cada Homo-Humano es único, exclusivo,
irrepetible e intransferible.
Y,
¿la humanidad?, es la mezcla de todas las diferencias que anhelan el
futuro: el Espíritu.
4.
Yo soy mis recuerdos
La
mente es la memoria sensorial del cuerpo, el escenario de la
imaginación, donde se despliegan las emociones y los sentimientos,
actúa el pensamiento y juegan los recuerdos y los sueños
La
materia recuerda, tiene memoria y a partir de ella se forman todas
las cosas en el universo. Esa es la memoria físico-química.
La
memoria del Homo-Humano es el resultado de la evolución biológica,
pero es la evolución cultural la que determina la evolución de la
memoria humana. De la salud en la formación y desarrollo de la
memoria depende la salud existencial del Homo-Humano y de la
humanidad.
Esa memoria es la memoria
del cuerpo humano, la de la mente, la que, al igual que las memorias
artificiales, evolucionan genética, epigenética y culturalmente.
Las evoluciones genética y
epigenética, se suceden sobre el genoma humano en respuesta tanto a
los cambios ambientales como a los cambios culturales. La evolución
cultural se sucede por y en las extensiones de si mismos que los
humanos inventan y desarrollan como respuestas adaptativas y
expansivas en los modos y maneras de superar sus necesidades. Los
eventos de esas evoluciones se "memorizan", operan y se
expresan en la memoria de la materia biológica y en la memoria de la
mente. La memoria de la mente es tanto homeodinámica, como
instintiva, apetitiva, emocional y cultural.
Estas evoluciones operan en
los niveles de la naturaleza humana:
Nivel metabólico: el
sistema homeostático que regula el estado biológico del cuerpo.
Nivel instintivo: regula los
instintos imperativos de supervivencia, reproducción y adaptación.
Nivel apetitivo: que regula
la atracción y rechazo de las sensaciones.
Nivel emocional: que regula
las reacciones de atracción y rechazo ante las circunstancias y
situaciones en las que se desenvuelve el individuo.
Nivel sentimental: que
regula la interpretación, comprensión y respuesta que el individuo
realiza sobre los estímulos que lo afectan.
El nivel intelectivo será
aquel que el individuo desarrolla a partir del desarrollo y
funcionamiento de la mente y de la memoria cultural.
De esta forma, se puede
decir que el Homo-Humano posee tres memorias:
Una es la memoria natural
que es tanto memoria biológica y epigenética, la memoria de la
materia de su cuerpo.
Otra, es una memoria
cultural, que es la memoria que la mente construye con la información
y datos de los estímulos que percibe el cuerpo y que, finalmente, se
procesa con el pensamiento.
Y la otra, es la memoria
artificial que es aquella que la mente construye tanto a partir de
los códigos que ha inventado como de los artefactos y los medios que
ha construido para conservar, preservar y procesar las informaciones
y datos.
La evolución de la
expansión de la memoria:
La memoria es la formación,
conservación y procesamiento, de imágenes virtuales por parte del
cerebro a partir de las sensaciones y las que constituyen la mente
que siente, imagina y piensa, esa memoria se expresa a través de los
medios propios del cuerpo o por aquellos medios que inventa y
desarrolla como extensiones del cuerpo.
La memoria sensorial se
expandió y expresó por medio de sonidos y gestos: cantos y danzas.
La memoria de gestos y
señales, se expandió por medio de signos y símbolos: las pinturas
y tallas.
La memoria escrita, se
expandió por la invención de códigos articulados de signos que se
conservan o graban en un medio físico.
Memoria audiovisual, es el
desarrollo científico y tecnológico de artefactos para grabar y
reproducir sonidos e imágenes.
Memoria virtual: es aquella
extensión del cuerpo que se equipara a la memoria mental, inventada
y desarrollada por las ciencias y las tecnologías.
Si
bien la historia de la memoria del Homo-Humano empieza con la
evolución biológica, es sólo cuando el cerebro se ha desarrollado
que se hace humano en todo sentido, hasta el punto que se hace
consciente de tener conciencia, es decir, cuando siente que siente y
recuerda lo que siente y actúa a partir de ello.
La
memoria es la capacidad de conservar, almacenar, procesar y
trasmitir, datos, informaciones, imágenes (cuando se habla de
imágenes me refiero a que la sensación percibida es convertida en
impresión sensorial: visual, auditiva, olfativa, de gusto o táctil,
bien independiente o combinada una con otras o con todas), para su
uso posterior y será determinada por los mecanismos de conservación,
almacenamiento, procesamiento y uso.
Una
es la memoria biológica y otra es la memoria cultural. La primera es
la propiedad y cualidad de la materia y de los organismos vivos de
almacenar y usar las sensaciones de sus experiencias internas y
externas para regular su estado y sus reacciones cuando esas o
similares experiencias se les presentan. La segunda es aquella
habilidad que los organismos dotados de cerebro tienen para inventar
códigos y artefactos con los cuales conservar, almacenar, procesar y
usar, los datos e informaciones codificados y almacenados tanto en el
cerebro como en los artefactos inventados y dispuestos para ello.
Los
mecanismos de memoria del cerebro están constituidos por circuitos y
cadenas neuronales que se forman por programación genética, por
acción epigenética o por actividades que se realizan y en los que
se conservan los datos y las informaciones de las sensaciones
producidas por las percepciones de estímulos, actos y situaciones
que los afectan, los cuales se activan cuando la situación
memorizada se vuelve a presentar bien sea física y concretamente
provocada o bien cuando es provocada por una evocación o por la
simulación de una experiencia similar o por necesidad emocional,
sentimental o intelectual.
Estos
mecanismos de la memoria funcionan en los distintos niveles del
organismo: en el nivel primario o metabólico, es decir, la
homeostasis, que regula el estado del organismo. En los niveles
emocionales, es decir, en el de las reacciones instintivas,
apetitivas y de las emociones que se encargan de la preservación y
protección del individuo y su confrontación con los otros y con el
mundo. En el nivel de los sentimientos y de las actividades
intelectuales superiores, es decir, en su identidad e identificación
con los otros y con el mundo. A partir del último nivel, se
desarrolla la memoria artificial, es decir, la conservación y
almacenamiento de las imágenes, datos e informaciones, creados
mediante los códigos y artefactos culturales, la cual funciona tanto
en el cerebro como en los artefactos construidos para ello: gestos,
pinturas, lenguajes, escrituras, gráficos, lecturas, etc., así como
en los artefactos construidos para ello: rocas, cortezas, pieles,
tablillas, papiros, papel, medios de grabación y reproducción de
sonidos e imágenes, etc.
Por
las neurociencias se sabe que los organismos, desde el más simple
hasta el más complejo, perciben y convierten en sensaciones todo
contacto interno y externo que los afecta y guardan memoria de ellas
para así organizar y condicionar sus reacciones, la reactividad. Es
a partir de esa memoria o repertorio de sensaciones que determinan
sus acciones y actividades.
Si,
según los descubrimientos de las neurociencias, la mente es la
memoria sensorial del cuerpo, serán, entonces, esa mente y esa
memoria el fundamento biológico y existencial de la humanización y
de lo que nos hace ser humanos: una mente que se hace consciente de
estar en el espacio y en el tiempo, y se expande hacia el universo
por medio del conocimiento.
También
he afirmado que los organismos operan a partir de códigos: los unos,
físico-químicos, los más primarios, que son los que operan la
actividad cerebral y son el "sistema operativo" de la mente
y, los otros, los códigos artificiales, virtuales, tanto o más
complejos que aquellos y con los cuales se busca explicar a la
Naturaleza.
Ahora
me interesan los códigos virtuales, los que son de dos clases:
La
primera, la de aquellos códigos que procesan lo que el cuerpo
percibe, los estímulos, y que producen las sensaciones para
convertirlas en impresiones (visuales, sonoras, olfativas, táctiles
y gustativas), o sea, en imágenes: la conciencia de sentir, a partir
de lo cual el cuerpo procede a manejar sus reacciones: instintivas,
apetitivas, emocionales, sentimentales, intelectuales y creativas: a
partir de la conciencia se hace consciente.
La
segunda, la de los códigos artificiales, aquellos que el Homo-Humano
inventa para organizar las sensaciones y darle expresión a lo que
sienten sus sentidos e inventar expresiones, es decir, los códigos
para comunicar, compartir, comparar, interpretar, memorizar, lo que
siente, por medio de lo cual proyecta y extiende su Ser y Estar en el
mundo.
Es
así como el contacto, el estímulo, se convierte en la sensación,
que se convierte en imagen, que se convierte en código, que se
convierte en emoción, que se convierte en sentimiento, que se
convierte en pensamiento, que se convierte en extensión (acción y
lenguaje: mirar-ver, oír, tocar, hablar-cantar y saborear), y lo
hace actuar (manufacturar, dibujar, escribir, calcular, construir,
explorar, experimentar, inventar, etc.), a partir de lo cual se
inventa su sí mismo y a sí mismo e inventa y construye la cultura.
En
este contexto, son, también, dos las memorias, la memoria natural y
la memoria artificial, las que, si bien están estrechamente
conectadas y relacionadas, son dos campos de exploración diferentes.
El primero, el de la memoria natural, es asunto de las neurociencias
y el que me interesa porque de su formación y desarrollo depende la
salud fisiológica y existencial del Homo-Humano. El segundo, el de
la memoria artificial, una curiosidad histórica 9
que me interesa porque fue Giordano Bruno quien, con sus propuestas
de un Arte de la Memoria y el poder de la imaginación, intuyó o
anticipó, por un lado, lo que ahora funciona como internet y por el
otro, algunos de los conceptos y mecanismos mentales que ahora
exploran las neurociencias.
5.
¿Son la misma cosa hombres y mujeres?
"Más
del 99% del código genético de los hombres y las mujeres es
exactamente el mismo" Louann Brizendine 10.
1.
Cosmogonías y mitos
En
el principio no existían ni los dioses ni las diosas, sólo la
tierra, una Gran Madre de todo lo existente y dadora de vida, de cuyo
seno todo nace y todo retorna en un ciclo sin principio ni fin.
Los
hijos de esa Gran Madre eran sólo sus hijos, todos iguales ante ella
pero diferentes entre ellos, dueños de sí mismos y de sus cuerpos.
Cuerpos animados por "el espíritu", el hálito de La
Madre, ese hálito que ella comparte y con el cual anima, por igual,
la vida de todos sus hijos y de todo lo existente en la Naturaleza.
Y
los hombres, las mujeres, los niños, los animales, las plantas, el
agua, el aire, el fuego, la tierra y todas las cosas, vivían en
comunidades matriciales y solidarias en las que todos, por igual,
compartían el poder y las responsabilidades por el bienestar de
todos y cada uno de los miembros de la comunidad.
Pero,
un día, La Madre Tierra se secó y el hambre y las necesidades y el
dolor y el sufrimiento desesperaron a los hombres y a las mujeres y
ellos se revelaron contra La Madre Tierra e inventaron a los dioses 11
para que sometieran su poder y la obligaran a satisfacer su hambre y
sus necesidades y a mitigar su dolor y sus sufrimientos.
En aquel tiempo el hombre se miró y se
vio tan fuerte y poderoso frente a la débil y sumisa mujer, por lo
que decidió que él no podía ser hijo de esa Gran Madre Tierra que
se negaba a satisfacer sus necesidades y que era el momento de
invocar al Gran Padre para que ordenara de nuevo al mundo.
A
aquellos dioses se les asignó el poder de crear y de dominar todo lo
creado por la mediación de un poder patricial jerarquizado y
vertical de arriba hacia abajo, desde el más poderoso de los dioses
hasta la más débil de todas las criaturas: dioses, hombres,
mujeres, niños, animales, plantas, agua, aire, fuego, tierra.
Y
los hombres inventaron las cosmogonías y los mitos y las ideologías
con los cuales conservar y trasmitir la memoria de aquellos tiempos y
de los sucesos que los siguieron y, según la cual, aquellos dioses
se crearon y crearon todo de la nada y a cada dios, hombre, mujer,
niño, animal, planta y cosa sobre la tierra, le asignaron una alma
particular que los animara según su poder y la importancia de su
función. Y a los hombres les asignaron un alma sobrenatural y la
potestad de dominar y administrar al mundo según una discriminación
sobre la que fundarán las jerarquías del existir y de la que ellos
se designaron a sí mismos como a la excepción natural o la
excrecencia divina o sobrenatural.
...
y desde entonces, ya nada ni nadie, ni la Madre Tierra ni la vida ni
el mundo, fueron ni iguales ni sagrados. Desde la usurpación de los
dioses, lo sagrado se convirtió en impostura. A la hierofanía
original de la vida se la convirtió en historia 12.
2.
El motivo de las desigualdades
Fue
así como se introdujo en la cultura la mutación: de lo matricial a
lo patricial:
Matricial:
nacer desde un mundo natural, a un mundo natural y regresar a un
mundo natural para reiniciar el ciclo de la vida. Semilla animada por
la vida (bios) de la madre y la simiente (bios) del
padre.
Patricial:
Nacer desde un mundo sobrenatural, a un mundo natural, al cuerpo,
para luchar por el derecho de regresar al mundo sobrenatural por toda
la eternidad. Semilla o alma generada por el dios, la semilla a la
que se le infunde la simiente divina (bios, zoe y logos).
Se
necesita un motivo único, primitivo, simple, fuerte, poderoso,
profundo, etc., capaz de escindir en la conciencia la unidad
cuerpo-mente y de esa manera disociar, enajenar y alienar, la
conciencia y la visión de unidad, individual y colectiva, que los
Homo-Humanos tienen de sí mismos, del mundo, de su Ser y Estar, de
su consciente.
Un
motivo que, a su vez, es una aporía 13,
porque su solución tiene que ser afirmativa tanto si se niega como
si se afirma el postulado: todo lo creado ha sido creado por un
creador increado. Sobre ese motivo se construyó la cultura de la
humanidad, hasta ahora.
Ese
motivo es sencillo y común para todo y en particular para la
definición de sexo y género, porque así opera en la construcción
cultural del género en todo sentido: biológico, filosófico,
metafísico, ontológico, teológico, científico, antropológico,
sociológico, psicológico, etc.
A
partir de ese motivo se establece la disociación por géneros y no
por la división biológica de sexo, para así fundamentar las demás
operaciones dualistas de las diversas construcciones culturales.
He
ahí la consecuencia de la división en alma y materia, la dualidad.
La trampa del mito de Decartes 14:
o bien como la excrecencia divina o sobrenatural: cuerpo-alma, o bien
como la excepción humana 15:
cuerpo-mente, sujeto-objeto, etc.
Ahí
es donde se producen la esquizofrenia individual y colectiva (Del gr.
σχίζειν, escindir, y φρήν, inteligencia), al igual que
la paranoia (Del gr. παράνοια; de παρά, al lado,
contra, y νόος, espíritu).
Si
al cuerpo y a la mente se les impide desarrollarse adecuadamente en
la unidad de la conciencia: la percepción, la sensación y la
formación de las imágenes mentales del espacio y el tiempo en la
que han nacido y se les obliga a definirse e identificarse como
conceptos, antes que como sensaciones y sentimientos, se rompe la
continuidad del proceso de la conversión mental que se inicia con
las percepciones, las sensaciones y los sentimientos, para de ellos
formar los conceptos, se provoca la escisión de cuerpo y mente:
"Por ello, cuando la cultura
sustituye la sensación y los sentimientos, como principios del
sentido, del significado, para imponer el concepto, destruye el
vínculo con la naturaleza y, lo que era real, deja de serlo para
convertirse en idea, en representación, en abstracción, y el mundo
deja de ser mundo sensorial y sensual, y es sustituido por el mundo
artificial de la representación, de lo sensible, de lo abstracto,
sin las originales conexiones y correspondencias con los estímulos y
las sensaciones y, por lo tanto, sin conexiones ni correspondencias
con la naturaleza del cuerpo, un Homo-Humano escindido, disociado y
aterrorizado, es decir, esquizofrénico, porque se le ha escindido
naturaleza de inteligencia y se le ha puesto contra un abismo
insalvable y aterrador, se le ha convertido en paranoico. Así se
forjan los guerreros y los esclavos (esquizofrenia y paranoia en sus
etimologías griegas originales).
Ese es el Homo-Humano, habitante de un
mundo abstracto, sin conexiones ni correspondencias con el mundo
natural, concreto, sensual, es como los monos de Hoffmann y Kafka"
16.
Ese
es el campo de batalla en el que se desgarran y destruyen mutuamente
el cuerpo, la materia corrupta (soma) y el aliento vital, la
vida (bios) y la existencia (zoe). Una herida ardiente
que supura ira e intenso dolor. El hombre es su propio enemigo:
guerrero o esclavo.
3.
Guerreros y esclavos
Para
escindir el cuerpo de la mente y forjar guerreros y esclavos, la
cultura ha desarrollado los motivos y mecanismos por medio de los
cuales se obliga al desarrollo intensivo de las áreas primitivas del
cerebro, aquellas donde están localizados y operan los instintos
básicos de supervivencia y reproducción, logrando así que se
privilegie el desarrollo de los comportamientos predadores o
subordinados. Predadores, son aquellos comportamientos por los cuales
el individuo ejerce el poder por medio de la fuerza y la violencia
para cumplir los imperativos evolutivos. Subordinados, son los
individuo que se someten al poder, la fuerza y la violencia, para
lograr su supervivencia y reproducción. Es así como el individuo
predador, macho o hembra, somete y domina a los individuos más
débiles, sin importar si se trata de machos, hembras, niños, todos
aquellos que manifiestan debilidad. Esto se sucede tanto entre los
Homo-Humanos como entre las demás especies animales, pues es un
mecanismo evolutivo.
En
los Homo-Humanos esos motivos y mecanismos biológicos son
desarrollados y condicionados por la cultura a partir del desarrollo
mismo del individuo desde que nace. Por medio de ellos se privilegia
el desarrollo de las áreas y mecanismos primitivos de la evolución
cerebral por sobre aquellos localizados en aquellas áreas y
mecanismos cerebrales evolucionados más recientemente y localizados
en la corteza cerebral. Es así como los instintos se imponen y
dominan por sobre los mecanismos cerebrales localizados en la
corteza, como lo son los deseos, las emociones, los sentimientos, la
imaginación, el pensamiento.
Sobre
la base de esos mecanismos evolutivos, genéticos y culturales, se
desarrollan y se pueden explicar las manifestaciones de la infinita
variedad de los comportamientos y de las expresiones de la conducta
de mujeres y hombres consigo mismos y con los otros, desde lo
saludable hasta lo patológico. Tales son los casos de la homofobia,
la misoginia, la xenofobia, para mencionar sólo tres que afectan
tanto a los individuos mismos como a las relaciones de mujeres y
hombres. Sobre ello es mucho lo que están descubriendo las
neurociencias.
El
primer mecanismo biológico y el más primitivo de ellos, es el del
miedo. Cada individuo tiene que competir para obtener la satisfacción
de sus necesidades primordiales, fisiológicas y emocionales y así
cumplir los imperativos evolutivos de supervivencia y reproducción.
Todo individuo recién nacido está en
dependencia absoluta de su madre o padres y, para que estos
satisfagan sus necesidades fundamentales, es obligado a manifestar
comportamientos de fortaleza y sumisión, los cuales se convertirán
en el fundamento de su conducta por el resto de su vida. El individuo
se sentirá, es decir, será y estará en su sí mismo y en el mundo,
tal y como se sintió cuando sus necesidades fundamentales fueron o
no satisfechas adecuadamente al momento de su crianza. Sentirá la
tranquilidad del bienestar o el dolor del miedo.
Los
otros y el mundo se perciben según el color con el que se los
siente: con alegría y tranquilidad o con ira e intenso dolor.
Es
a partir de todo esto que la cultura establece y refina los procesos
y medios a través de los cuales cada individuo se convierte en
guerrero o en esclavo, en un Homo-Humano saludable o patológico y,
por supuesto, en la infinidad de variaciones entre lo uno y lo otro.
En
el cerebro quedan marcados los circuitos neuronales genéticos,
epigenéticos y culturales, pero, gracias a la plasticidad del
cerebro y las neuronas, el resultado de ese proceso puede ser
trasformado, restaurado y reconfigurado.
4.
El orden de las cosas
Sobre
esa base se construyó el código de la dualidad que rige y
jerarquiza la cultura hasta ahora: cuerpo-alma, fuerte-débil,
superior-inferior, arriba-abajo, macho-hembra, hombre-mujer,
maculino-femenino, etc.
En
el orden natural de las cosas, el cuerpo y la mente están ordenados
sobre la base de un código 17:
las reacciones de atracción y rechazo y su memorización, fundamento
del mecanismo de la homeostasis que regula todo organismo por medio
de las reacciones que dan origen a otro código más complejo: sentir
placer y dolor, reconocerlos y memorizarlos, lo que, a su vez, es el
punto de partida de todos los códigos, cada vez más complejos, por
los que se ordenarán y manifestarán todas las acciones, actividades
y comportamientos de los organismos, desde la reacción metabólica,
pasando por los instintos, apetitos, deseos, emociones, sentimientos,
pensamientos, hasta el más elusivo anhelo, los cuales son la base de
la conciencia y de las expresiones humanas: sentir, recordar,
imaginar, pensar, anhelar, a partir de las cuales se ordenan y
expresan las extensiones que de sí mismo hace el Homo-Humano: su sí
mismo y la cultura: el consciente.
5. Conciencia y consciencia
Una cosa es sentir que se siente,
conciencia y otra, ser consciente de sentir y expresarlo. Sensaciones
y sentimientos, he ahí "el hilo" de los circuitos
neuronales que desde la percepción de un estímulo procesan la
reacción de las sensaciones que elaboran el sentimiento y las
imágenes mentales que finalmente, ya codificadas, producirán y
expresarán la imaginación y el pensamiento.
Es por ello que, antes de conocer y saber
qué soy y qué estoy en el espacio y en el tiempo, es necesario y
primero, sentir, es decir, que mi cerebro elabore las sensaciones y
sentimientos de ser y estar en el espacio y en el tiempo, sólo de
esa manera tendré conciencia y mi consciente podrá elaborar e
interpretar las imágenes adecuadas con las que se inventan las
medidas de todo lo posible.
Es en ese punto crítico, entre
conciencia y consciente, en el que se incrusta el motivo de la
dualidad.
6. Desmontando el motivo
En la medida en que la conciencia y la
visión del mundo de mujeres y hombres se rija por ese motivo
dualista, creacionismo, que las escinde, es imposible cualquier
análisis y, en consecuencia, será imposible desmontar su operación
en la cultura.
El asunto no es sólo purgar los
lenguajes de aquellas discriminaciones y desigualdades entre hombres
y mujeres o lo masculino y lo femenino, etc., sino purgar la cultura
de ese motivo dualista que divide la Naturaleza entre lo natural y lo
sobrenatural. Sólo es posible un único motivo: la Naturaleza es lo
que es y todo lo demás que se diga de ella son sólo conceptos
codificados sobre la base de lo que ella es y lo que se siente al Ser
y Estar en ella y los cuales son interpretados con los códigos que
se han inventado para expresarlos. Son esos códigos los que escinden
y dividen todas las cosas de la Naturaleza para su organización,
memorización, comprensión, conocimiento y manipulación.
La vida es otra expresión de la
Naturaleza, de la materia, una más de la infinidad de sus posibles
expresiones en el tiempo y en el espacio. La vida y la existencia de
cada Homo-Humano es única y exclusiva en su tiempo y su espacio,
"aquí y ahora" y de principio a fin, pero, para la cultura
que él inventa, cada vida y cada existencia tiene los mismos
derechos y deberes.
Y eso debe ser lo sagrado, el entusiasmo
de vivir en la plena actividad que provoca placeres y dolores, pero
que también provoca el jubilo de la ausencia de dolor o placer, esa
vida de la que emerge ese anhelo de futuro que es el espíritu: el
entusiasmo de extender las manos hacia el universo.
6.
Mí cerebro y yo:
amo
o esclavo, amigo o enemigo
Por
paradójico que parezca, yo soy lo que mí cerebro es y recuerda, sin
embargo, esa propiedad no necesariamente es ni unidimensional ni
unilateral ni inmodificable, mí cerebro y yo podemos compartir las
cualidades y propiedades de lo que yo soy y de lo que él es, para
bueno o para malo, ser amo o esclavo, amigos o enemigos.
En
un símil sencillo, mí cerebro y yo funcionamos en una relación de
hardware y software, memoria física y memoria virtual
(memorias ROM y RAM). Si ambos funcionan armónica y saludablemente,
yo funciono adecuadamente. Y, también, consecuente con ese símil y
como en los computadores, ese hardware y ese software,
deben ser instalados, iniciados y configurados, adecuadamente, para
que funcionen correctamente.
Por
supuesto, mí cerebro y yo somos un hardware y un software
más complejos y todavía muy desconocidos. Pero, por lo que ya se
sabe, el símil es válido para explicar lo qué, cómo y por qué,
somos y funcionamos.
Sin
entrar en una exposición científica, por lo que ya se sabe, el
cerebro se desarrolla y funciona a partir de un hardware y de
un software ya determinados por el código 18
genético, filogenia y memoria genética, resultante al momento de la
fertilización del óvulo, pero, a partir de ese momento, ese
desarrollo y ese funcionamiento serán afectados por la infinidad de
sucesos y situaciones internas y externas que intervengan en la
gestación, vida y existencia de cada persona desde el comienzo hasta
el fin de la vida, en una interrelación de infinidad de
posibilidades y resultados que se afectan entre sí y que pueden ser
rígidos o flexibles o plásticos, como es posible. Ese es el motivo
por el cual cada individuo es único y exclusivo, sin que importen
las similitudes o diferencias genéticas, epigenéticas o culturales
en su gestación y desarrollo.
Por
ejemplo, el código genético determina, entre muchas otras cosas, el
sexo del nuevo individuo, pero las circunstancias y condiciones de la
gestación pueden alterar la bioquímica de la sexualización y, por
ello, determinar la fisiología y psicología de ese individuo en su
desarrollo posterior, lo cual, a su vez, condiciona su existencia y
su comportamiento.
Lo
anterior, en cuanto a los mecanismos biogenéticos, para los cuales
las ciencias ya tienen herramientas y métodos para explorar,
identificar, describir, predecir y hasta manipular. Pero, si bien,
esos mecanismos biogenéticos determinan el resto de la vida, existen
otros mecanismos biológicos, epigenéticos y culturales más
complejos y desconocidos que afectan al cuerpo y al comportamiento,
es decir, al Ser y Estar del individuo en el mundo.
Tal
el caso de las neuronas, desde el mismo momento en el que se inicia
su formación, estas desarrollan también un proceso de
funcionamiento especializado y condicionante que puede ser rígido y
definitivo o flexible y plástico, pero siempre interactuante. Por
ejemplo: las neuronas que controlan la motricidad, desde la
motricidad automática del corazón o de los pulmones, hasta la
motricidad voluntaria o involuntaria de los músculos, que, si bien,
para el primer caso es rígida y definitiva y para el segundo es
flexible y plástica, en el desarrollo y ejercicio de sus actividades
pueden ser afectadas, alteradas, controladas y modificadas por
circunstancias internas o externas al organismo.
Lo
mismo es válido para el resto de las neuronas del sistema nervioso
total. Si bien, el cerebro se desarrolla y funciona como un todo, a
medida que el organismo se desarrolla, las neuronas se localizan en
áreas específicas y se especializan, y forman circuitos neuronales
que se extienden por todo el sistema nervioso y que interactúan
entre sí, desde lo micro hasta lo macro. El resultado de esa
actividad es el mecanismo homeodinámico que mantiene en
funcionamiento y equilibrio al organismo, desde sus funciones
biológicas, metabólicas y fisiológicas, hasta las funciones
superiores, mentales, extensivas y expresivas, en una relación
íntima y única que determina la conciencia, el qué, cómo y por
qué se Es y se Está en el mundo y en la complejidad de tal
condición que todavía es imposible medir, es decir, eso es lo que
hace que cada individuo sea único y que esa exclusividad, a su vez,
afecte a los demás individuos, con consecuencias imprecisables.
Pero,
lo que si se puede afirmar, es que, de las circunstancias y
condiciones de esos desarrollos, dependerá lo qué, cómo y por qué
sera la vida y la existencia de cada individuo, en particular, y la
de sus comunidades, en general.
En
principio, sólo me interesa el desarrollo de cada individuo y, en lo
particular y sólo en aquellos desarrollos que dependen, en primer
lugar y primordiales, de la crianza y, en segundo lugar, los que
dependen de la voluntad y acción del individuo mismo, es decir, me
interesan, primero, el impacto y efecto que el ámbito y las
personas, trátese de los padres o demás personas que afectan la
crianza y desarrollo del individuo y, segundo, el manejo y control
que cada individuo puede tener sobre sí mismo y su ámbito, física,
biológica, anímica e intelectualmente.
De
acuerdo con lo anterior, y sin entrar en las particularidades
científicas, se puede afirmar que cada individuo es y será afectado
por todo aquello que afectó su desarrollo. Y que, de lo saludable de
ese desarrollo, depende la salud fisiológica, anímica e
intelectual, de su vida y existencia. Su Ser y Estar en el mundo.
Sin
entrar en inquisiciones ni filosóficas ni científicas, la vida y la
existencia (bios y zoe) de cada individuo empieza por
formar y desarrollar los mecanismos y procesos vitales y
existenciales que lo conectan y relacionan consigo mismo y con el
mundo y que, de ese desarrollo, dependerá el qué, cómo y por qué
se relacionará y actuará durante su vida. Es decir, cada individuo
es y será, para sí mismo y para los demás, tal y cómo aprendió a
sentir y a sentirse.
De
manera sucinta, ese desarrollo empieza por instalar, iniciar,
configurar, formar y desarrollar los circuitos neuronales genéticos,
epigenéticos y culturales, de las percepciones 19
y sensaciones que le provocan los sentidos tanto interna como
externamente, a partir de las dos reacciones básicas de todo
organismo: placer y dolor (la reactividad de la materia: atracción y
rechazo). Esos circuitos forman la mente, es decir, la memoria del
cuerpo, algo así como el software del sistema operativo y de
los demás programas que se instalen en el hardware que es el
cuerpo.
Ahora
bien, todo eso es y funciona en las dos dimensiones básicas
establecidas por los códigos de la cultura: espacio y tiempo. Eso
quiere decir que cada individuo comienza su vida por establecer, a
partir de las dos reacciones básicas de su organismo: placer y
dolor, la percepción y sensación de su propio espacio y de su
propio tiempo tanto interior como exterior, cuerpo y mundo y, del
saludable establecimiento de esas dimensiones sensuales, dependerá
lo saludable de las relaciones y conexiones que se establezcan
consigo mismo y con todo lo demás. Circuitos neuronales atrofiados o
dañados o dolorosos, provocarán el sentir un Ser y Estar
distorsionados o, si por el contrario, se han establecido circuitos
neuronales fluidos y armónicos, placenteros, de esa forma se sentirá
el Ser y Estar en consonancia y armonía consigo mismo y lo demás.
En
otras palabras, la vida y la existencia saludables del Homo-Humano
serán lo que se haga de ellas, del buen sentir al bien
pensar, es decir, el adecuado desarrollo de los códigos que forman y
conforman la vida y la existencia: los códigos físico-químicos,
biológicos y culturales.
7.
¿Qué es el pensamiento?
¿Cómo
y por qué se piensa?
Paradoja
aparte, el pensamiento sólo es posible describirlo o definirlo o
hablar de él por la mediación de los propios inventos del
pensamiento: los códigos articulados de gestos, señas, señales,
signos, símbolos, etc. que lo hacen funcionar.
En
esas condiciones, un código es:
Para
explicarse la naturaleza de la Naturaleza y la naturaleza de su Ser y
Estar en el mundo, el Homo-Humano inventa los códigos con los cuales
ordenar, organizar, memorizar, asignar sentido, explicarse y
recordar, lo que percibe y siente, en un proceso exponencial y
ascendente de acuerdo con la complejidad de cada materia a codificar.
Un
código es la articulación sistematizada de gestos, señas, señales,
signos o símbolos, arbitrarios con los cuales se representa un orden
u ordenamiento de las cosas de acuerdo con la asignación de sentido
a la unidad de una materia y regido por normas preestablecidas.
El
conocimiento es la codificación de los elementos y partes de una
materia según un código preestablecido.
El
saber es la acumulación del conocimiento codificado con un
determinado código.
Las
artes son la experimentación de nuevos códigos con los cuales se
realiza la exploración en lo desconocido.
¿Qué
es el pensamiento?
El
Homo-Humano es materia que se ordena, forma, trasforma, evoluciona,
siente, se siente (conciencia), imagina, piensa, recuerda
(consciente) y anhela mantenerse unida y perdurar (Eros/Afrodita 20).
-
o -
Un
espacio para ilustrar:
Eros:
"Todos
sabemos, en efecto, que no hay Afrodita sin Eros" (Platón,
Banquete, 180 d).
Y,
según instruyó Diotima a Sócrates en Banquete, Eros es:
"Deseo
de la generación y procreación en lo bello" (Platón,
Banquete, 206 e).
También,
dice Diotima que ese deseo se manifiesta en los cuerpos y en los
espíritus 21.
Afrodita:
"...cómo,
cuando el agua, la tierra, el aire y el sol [fuego] se mezclan, se
originaron las formas (o figuras) y los colores de todos los seres
mortales que ahora existen, reunidos por Afrodita..."
(Empédocles, fr. 71).
-
o -
El
pensamiento es la expresión codificada de las sensaciones, las que,
a su vez, son el resultado de la expresión de los códigos
sensoriales de la codificación físico-química del cuerpo por medio
de los cuales la materia percibe y se percibe, siente y se siente y
se mantiene unida.
Esa
expresión somática de sentir, sentirse y perdurar, se inicia en las
propiedades y cualidades de la materia, la reactividad: la materia se
atrae y se ordena y se rechaza y desordena, en un proceso permanente
regido por las leyes de la Naturaleza.
-
o -
Abro
otro espacio para ilustrar:
Esas
antiguas leyes, que ya propusiera Empédocles y que luego inspiraran
a filósofos, matemáticos y científicos hasta las más avanzadas,
pero no menos poéticas, teorías matemáticas, físicas y
biológicas, de hoy, son, como lo explica W. K. C. Guthrie:
"Aunque
Empédocles aceptó la negación eleata del espacio vacío, no
admitió como consecuencia necesaria que el movimiento local fuera
imposible. Dadas cuatro substancias en lugar de una, cada una de
ellas podría ocupar los lugares de las otras, deslizándose las
últimas, como en una serie de objetos en movimiento, para ocupar el
lugar de las primeras, y así sucesivamente, sin necesidad de espacio
vacío para moverse entre ellas. Toda vez que se les ha concedido el
movimiento, sus «seres» adoptan dos características que había
negado Parménides a su Ser único, y que hacen posible la génesis
de un cosmos: a) están en movimiento y b) son divisibles. Esta
segunda característica aparece ilustrada en el fr. 22, 1-2: «Ya que
todos ellos —el sol, la tierra, el cielo y el mar— están en
armonía (o concordia) con sus propias partes, que se han separado de
ellos en los seres mortales.» La divisibilidad y el movimiento de
las cuatro «raíces» posibilita su afirmación de que «no existe
nacimiento de ningún ser mortal, ni fin alguno en la execrable
muerte, sino sólo mezcla y separación de lo que está mezclado».
El cambio aparente no es sino una nueva disposición. «Sólo existen
precisamente estos elementos», escribe él, «pero, debido a su
interpenetración mutua, alteran su apariencia: hasta tal punto la
mezcla hace que cambien» (21, 13-14)" (W. K. C. Guthrie ,
Historia de la filosofía griega, II, La tradición presocrática
desde Parménides a Demócrito, Gredos, Madrid, 1963, p. 159).
Continuando
pero ya citando a Empédocles, él también las llamó: Armonía,
Concordia, Discordia, Amor, Afrodita, Gozo:
"349.
Fr. 17, verso 14, Simplicio, in Phys. 158, 13
(continuación de 348).
349.
Ea, escucha mis palabras, pues el aprender acrece la sabiduría. Como
antes te dije, al manifestarte los limites de mis palabras, te voy a
contar un doble relato: en un tiempo lo Uno se acreció de la
pluralidad y, en otro, del Uno nació por división la multiplicidad:
fuego, agua, tierra y la altura inconmensurable del aire y, separada
de ellos, la funesta Discordia, equilibrada por todas partes y, entre
ellos, el Amor, igual en extensión y anchura. Míralo con tu mente y
no te sientes con ojos estupefactos, pues se le considera innato
incluso en los miembros mortales: debido a él tienen ambiciosos
pensamientos y realizan acciones de concordia, dándole el nombre de
Gozo y de Afrodita. Ningún mortal lo conoce, cuando se mueve en
circulo entre ellos, pero tú presta atención al orden no engañoso
de mi discurso.
Todos
ellos son iguales y coetáneos, aunque cada uno tiene una
prerrogativa diferente y su propio carácter, y prevalecen
alternativamente, cuando les llega su momento. Nada nace ni perece
fuera de ellos ¿Cómo podría, de hecho, ser destruido totalmente,
puesto que nada está vacío de ellos? Porque, sólo si estuvieran en
un constante perecer, no serían. Y ¿qué es lo que podría acrecer
todo esto? ¿De dónde Podría venir? Sólo ellos existen, pero
penetrándose mutuamente, se convierten en cosas diferentes en
momentos diferentes, aunque son continuamente y siempre los mismos"
(C. S. Kirk, J. E. Raven y M. Schofield, Los
Filósofos Presocráticos. Historia crítica con selección de
textos, Gredos, Madrid, pp. 412-413).
-
o -
En
la materia viva, la reactividad se define e identifica como el sentir
placer y dolor. El sentir que se siente, la conciencia, provoca las
sensaciones, las cuales, ordenadas y codificadas, determinan el
desarrollo y el funcionamiento de la materia viva.
A
medida que la materia viva se ordena y agrupa, los códigos se
superponen, yuxtaponen e integran, se hacen más complejos y extensos
para así manejar y controlar los procesos, funciones y acciones de
los cuerpos que se forman. Estos procesos, funciones y acciones
codificados y memorizados operan desde el nivel físico-químico,
biológico, metabólico, instintivo, hasta los niveles más
complejos: sensoriales, apetitos, deseos, emociones, sentimientos,
imaginación, pensamientos, recuerdos y anhelos (el anhelo es la
expresión de las propiedades y cualidades de la materia mediante las
cuales se ordenan, se mantienen unidos y se mueven los objetos o los
cuerpos que se forman).
El
cuerpo del Homo-Humano está formado por la infinidad de los cuerpos
de las células que se han agrupado, ordenado y especializado de
acuerdo a un código que determina su orden, forma, desarrollo,
funcionamiento y acción, como un cuerpo intradependiente, pero
independiente e interdependiente con los otros cuerpos en la
Naturaleza.
De
acuerdo con la especialización celular, corresponde a las células
neuronales la función de procesar y controlar la información y la
operación del cuerpo como unidad interna y externa, es decir, el
funcionamiento interno y externo y las conexiones que se establecen
entre lo uno y lo otro.
Una
de las funciones especializadas de las células neuronales, es la de
formar circuitos mediante los cuales procesar y almacenar la
información del estado del cuerpo y determinar, para su
preservación, la actividad interna y externa del cuerpo en el
espacio y en el tiempo. La ordenación, conexión, superposición,
yuxtaposición e integración de los diferentes circuitos neuronales
se convierten en imágenes o mapas neuronales que se actualizan y
almacenan permanentemente.
Las
imágenes o mapas de la memoria sensorial y de la memoria de las
sensaciones, son las que producen la mente, es decir, la memoria del
cuerpo: la conciencia, la que, a partir de la codificación
conectada, superpuesta, yuxtapuesta e integrada de los códigos
particulares, producirá el consciente, o sea, la codificación de
las sensaciones, los instintos, los apetitos, los deseos, las
emociones, los sentimientos, la imaginación, los pensamientos, los
recuerdos y los anhelos.
-
o -
Otro
espacio para ilustrar:
Giordano
Bruno describió así su Arte de la Memoria y su invento de "la
memoria artificial":
"Tratamos
este arte bajo una doble forma y camino, de las cuales una es más
elevada y general ya sea para ordenar todas las operaciones del alma,
ya sea también principio de muchos métodos, con los que cual
diversos instrumentos puede intentarse e inventarse la memoria
artificial. Consiste en primer lugar de treinta intenciones de
las sombras, en segundo lugar en treinta conceptos de ideas, en
tercer lugar en parecidos vínculos que podemos derivar de las
intenciones y conceptos mediante una industriosa adaptación de los
elementos de la primera rueda a los elementos de la segunda. La
segunda parte que sigue está más limitada a un modo determinado de
adquirir la memoria mediante el artificio" (Giordano Bruno, De
Umbris idearum).
Será
luego que Giordano Bruno exponga de manera amplia el funcionamiento y
operaciones de su Arte de la Memoria en De magia, De vinculis in
genere, Sigillus sigillorum y en otros de sus escritos, un método
que, si bien se inspira en una tradición ya en decadencia, el
tratamiento que él le da, no sólo inspirará los modelos de
filósofos y matemáticos posteriores, sino que, analizado en un
lenguaje actual, pareciera que estuvieran hablando de la internet que
ahora copa nuestro mundo, si así se interpreta tanto el método
bruniano como la explicación que de él ofrece Ignacio Gómez de
Liaño:
"[...]
el arte de la memoria de Giordano Bruno es la fabricación de un ojo.
Ventana y espejo donde las cosas son apariciones y juegos de
espectros, este ojo artificial e inventivo es la cifra de la mente
que alumbra Bruno. Es en la práctica de la diversión óptica como
se descifra esta, es en las seguridades de la presencia y en las
inseguridades de una presencia siempre ambigua, como se enseña a
vivir en la apariencia. Desde la cifra del ojo no son las apariencias
lo que engaña.
Este
ojo -cifra de la mente- no es el instrumento de la visión: no se ve
con los ojos, sino, como los héroes de Homero, se ve en
los ojos. Ubicadas en la vista, hecha lugar, la retina insume en sus
puntos a las cosas, hechas puntos; y repite en su pequeño mundo de
luz a la tierra y al cielo como geometría -medida de la tierra- y
como planisferio celeste. ("Tierra" y "ojo" es
como llama Bruno al centro de sus atrios mnemónicos). Tierra y
cielo, a contrapelo de la ley de la gravedad, aparecen en el ojo como
concreción de imágenes, pero también como diversión de espectros"
22.
Pero,
en principio, lo que propone Giordano Bruno, es un "arte"
mediante el cual "ordenar todas las operaciones del alma",
pero de una "alma" de naturaleza y expresión diferentes a
las impuestas por las filosofías y teologías cristianas de su
época, a las que se opone y que, por el contrario, anticipa la
concepción de que en el Homo-Humano no existe una excepcional
dualidad de cuerpo y alma, sino la maravillosa unidad de un cuerpo
que produce una mente excepcional que se construye de sensaciones,
pasiones, anhelos y del que emana un Espíritu 23.
Para
Giordano Bruno, cuerpo y alma, son lo que antes fueran para Epicuro:
"(63)
Y después de estas cosas, es preciso reparar, refiriéndose a las
sensaciones y pasiones –pues así la convicción será más
certera– en que el alma es un cuerpo sutilmente particulado,
diseminado por todo el organismo y muy semejante a un soplo que tiene
una mezcla de calor, en parte semejante a este [calor], en parte
semejante a aquel [soplo], si bien hay una parte que ha alcanzado
gran variación [respecto] de tales [primeras partes] en razón de su
sutil particulación y [que es] más simpática con el restante
organismo" (Epicuro, Epístola a Heródoto).
Así
describe Giordano Bruno el funcionamiento del cuerpo y del alma:
"Pues
así como nuestra alma produce primera y universalmente con el cuerpo
entero toda obra de vida, sin embargo, pese a estar toda entera en el
todo y en toda y en no importa qué parte, no por ello hace todo a
partir de todo ni de cualesquiera partes, sino que hace ver en el
ojo, oír en el oído, gustar por la boca (porque si el ojo estuviese
por todas partes, por todas partes vería, y si los órganos de todos
los sentidos estuviesen por todas partes, por todas partes
enteramente sentirían), así también el alma del mundo que está en
todo el mundo, allí donde ha alcanzado una materia determinada, allí
mismo produce un sujeto (cosa) y manifiesta, a partir de él,
determinadas operaciones. Por consiguiente, aun cuando se halle
igualmente por doquier, no actúa de igual manera en todas partes,
porque no se le suministra una materia igualmente dispuesta en todas
partes" (Giordano Bruno, De magia).
Y
así serán, después, cuerpo y "mens" para Spinoza,
quien se inspira en Giordano Bruno:
"PROPOSICIÓN
XIII
"El
objeto de la idea que constituye el alma (mens) humana es un
cuerpo, o sea, cierto modo de la Extensión existente en acto, y no
otra cosa" (Spinoza, Ética, II, Proposición XIII).
En
palabras sencillas y en una traducción actual:
"La
mente humana es la idea, imagen, forma y memoria, del cuerpo humano".
O
para decirlo de la forma como lo explico en otro escrito:
La
mente es la memoria sensorial del cuerpo, el escenario de la
imaginación, donde se despliegan las emociones y los sentimientos,
actúa el pensamiento y juegan los recuerdos y los sueños.
-
o -
Al
cerebro, al igual que a la Naturaleza, le repugna el vacío 24
y también le repugna el desorden y, por ello, llena y ordena todo lo
que lo afecta, es decir, lo codifica, lo recodifica y lo almacena.
El
código genético todo lo llena y todo lo ordena, en él ya está
codificado el cuerpo, su forma, su desarrollo y su funcionamiento.
Para
el Homo-Humano ese funcionamiento se lo explica desde momento en el
cual la conciencia se hace consciente, es decir, cuando el individuo
comienza a codificar y dar sentido a lo que siente y, a partir de
allí, se produce la evolución y la mutación de los códigos
culturales: el conocimiento, el saber y las artes.
El
cerebro del Homo-Humano tiene la capacidad y la habilidad de
conectar, superponer, yuxtaponer e integrar, a los códigos
biológicos, sus propios códigos culturales, es decir, aquellos
códigos que inventa y desarrolla para dar orden, sentido,
explicación y extensión, a lo que siente. De las imágenes mentales
que produce y reproduce de las percepciones y sensaciones que le
provocan sus sentidos, elabora, conecta, superpone, yuxtapone e
integra códigos para ordenarlas, memorizarlas y llenar su sentido,
para así, finalmente, darles una expresión que se establece,
simultáneamente, como criterios de verdad, conducta y de acción,
siempre en evolución, expansión, extensión y trasformación. Nunca
definitivos ni absolutos.
Es
precisamente por esas conexiones, superposiciones, yuxtaposiciones e
integraciones que extiende y expande la percepción de su sí mismo
al mundo, desde lo meramente sensorial hasta sus proyecciones
concretas, prácticas y abstractas, inventando y desarrollando
códigos que evolucionan, mutan y se acumulan en códigos cada vez
más complejos y poderosos con los cuales explicarse lo que siente y
lo que se siente sentir: el mundo micro y macro en el que habita, así
como el mundo que anhela y construye, aquel en el que anhela habitar.
A
manera de ejemplo, los primitivos códigos de gestos, señas,
señales, sonidos, mutaron en códigos de signos y símbolos y, estos
últimos, a su vez, también mutaron al momento de introducirles
elementos que los trasforman, desarrollando los lenguajes.
Tal
el caso de los lenguajes fonéticos, los que se trasformaron al
momento de combinar las consonantes y las vocales o al momento de ser
reproducida, por escrito, la fonetización. Por su parte, los
lenguajes matemáticos, numéricos, aritméticos, científicos, se
trasformaron al momento de introducir el cero a los sistemas
numéricos y, luego, con la introducción de signos, símbolos y
conceptos, tales los de: inercia, movimiento, vacío, unidad,
divisibilidad, infinitesimal, quantum, etc.
Igual
sucede con todos los códigos simbólicos, desde las primitivas
expresiones hasta las expresiones actuales.
Lo
mismo es válido para los códigos, expresiones y lenguajes de las
ciencias y las artes particulares.
Una
historia de esas trasformaciones de los códigos, expresiones y
lenguajes culturales demostraría la validez de esa hipótesis y, con
ello, la evolución y mutación de la imaginación y del pensamiento,
puesto que, a cada mutación o evolución, corresponde una extensión
y una expansión del conocimiento y del saber, los que, al igual que
en el funcionamiento del cerebro, trasforman la memoria y extienden,
expanden y proyectan la visión sobre el mundo y el sí mismo.
¿Cómo
se piensa?
La
imaginación y el pensamiento son, entonces, la habilidad de
inventar, desarrollar, manejar y controlar los códigos culturales a
partir de los códigos naturales.
El
cerebro recibe, procesa, almacena, conecta, contrasta, interpreta y
expresa la información, las percepciones y las sensaciones que
recibe tanto del interior como del exterior del cuerpo y las
convierte en las imágenes o mapas que conforman la mente como la
memoria del cuerpo, la conciencia, algo así como un sistema
operativo y de memorias que manejan y controlan el funcionamiento del
cuerpo, los que se expresan en procesos internos y en procesos
externos de movimiento y acción con el propósito de preservar la
supervivencia, reproducción y adaptación del organismo. En el
interior del cuerpo se desarrollan los procesos metabólicos,
homeodinámicos y dinámicos. Hacia el exterior, la dinámica del
movimiento que lleva a la organización de la acción, la ejecución
de las actividades y la expresión de los sentimientos, por medio de
los cuales cumplir aquellos mismos propósitos: los imperativos
evolutivos.
Son
entonces las sensaciones, la conciencia, los propósitos y esas
actividades, las que el cerebro memoriza, produce y expresa como
instinto, apetito, deseo, emoción, sentimiento, imaginación,
pensamiento, recuerdo y anhelo, al momento de asignarles un orden con
significados y significantes con los cuales dirigir las acciones como
criterios de verdad, conducta, acción y recuerdo.
Ese
orden de significados y significantes se fundamenta en las
sensaciones físicas, las que, a medida que se acumulan en la mente,
la memoria, son trasformadas en proyecciones de acción y
expectativa, hasta alcanzar altos grados de abstracción.
Ese
orden se traduce en códigos cada vez más complejos que se conectan,
superponen, yuxtaponen e integran, para desarrollar una memoria cada
vez más extensa y expandida, la que, por magnitud y necesidad, se
expresará, conservará y compartirá por medio de acciones externas:
gestos, sonidos, señas, señales, signos, símbolos, los que, a su
vez, se expresan a través del cuerpo y se conservan en objetos, en
archivos.
Como
criterios de acción, de conducta y de verdad, esos códigos, serán
concretos, reales, especulativos o ficticios, de ahí que se
conviertan en las expresiones de las ciencias, las matemáticas, las
filosofías y las artes, como herramientas de la exploración en lo
desconocido.
-
o -
Un
nuevo espacio para ilustrar:
Sentir
y conciencia
Como
lo dijo Epicuro, de acuerdo con la interpretación de Diógenes
Laercio y lo que las actuales neurociencias están demostrando, el
Homo-Humano empieza a construir su Ser y Estar en el mundo desde el
sentir, desde la sensación:
“(31)
[...] los criterios de la verdad son las sensaciones (aistheseis),
las prenociones (prolépseis) y las afectaciones (páthe),
y los epicúreos añaden las proyecciones imaginativas de la mente
(phantastikaí epibolaí tês dianoías)” 25
Más
adelante agrega:
“(33)
La prólepsis (impresión,
impronta, “imprintig”), dicen los epicúreos, es como una
comprensión (katálepsis), una opinión recta, un pensamiento
(énnoia), una noción general que está en nosotros como un
recuerdo (mnéme), de lo que muchas veces se nos ha presentado
desde fuera. Por ejemplo, aquello que se me está presentado de esa
manera es un hombre. Porque en el momento mismo en que se dice
hombre, gracias a la prólepsis, se piensa, al mismo tiempo,
en su imagen genérica (týpos), según las sensaciones que
antes se han tenido. Para todo hombre, pues, aquello que es
primeramente significado en él se nos presenta como evidente. Y
nosotros no podríamos llevar adelante investigación alguna, si no
tuviéramos ya de antemano algún conocimiento. Por ejemplo, cuando
decimos: ¿aquello que hay allí es un caballo o un buey? Porque para
hacer tal pregunta es preciso haber conocido alguna vez la forma
(morphé) de caballo o de buey. No podríamos, pues, nombrar
cosa alguna, si antes no conociésemos, por medio de la prólepsis,
su imagen genérica, su týpos. Las prolépseis son,
pues, evidentes” 26
Al
final de sus comentarios, Diógenes Laercio establece la diferencia
entre el conocer por las sensaciones y la opinión que se forma a
partir de ellas:
(34)
»La opinión la califican de suposición, y la consideran verdadera
y falsa. Si es confirmada por otros testimonios y no resulta
contradicha por ninguno, es verdadera. Pero si no es confirmada por
testimonios y es contradicha, resulta falsa. Por eso introdujeron la
calificación de “en expectativa”, por ejemplo en expectativa de
acercarse a la torre y conocer cómo es de cerca.
»Dicen
que hay dos afecciones, el placer y el dolor, que se presentan a todo
ser vivo, y el uno es connatural y el otro extraño. Por uno y otro
decidimos nuestras elecciones y rechazos.
»Y
que entre las investigaciones las unas versan sobre los hechos, y las
otras, sobre la palabrería huera» 27
[...]
Y
aquí retorna el asunto de sentir y conciencia, del que ya escribí
en Sensaciones epicúreas, y que me obliga ahora a transcribir lo
escrito por dos físicos: el Premio Nobel Georges Charpak y Roland
Omnès y un neurocientífico, Antonio Damasio, citado por ellos dos.
Escriben
Georges Charpak y Roland Omnès:
"Intelectualmente,
sabemos que el problema de la significación carece de respuesta o,
al menos, que la respuesta está más allá del horizonte del saber
actual. Sin embargo, ¿qué palabras concretas han acudido a nuestra
pluma y a la de Bertrand Jordan? Sufrimiento, vida interior, belleza,
alegría, deseo, repugnancia, dificultad de creer ... Todas
pertenecen al orden del sentimiento: un sentimiento que lucha contra
el entendimiento. Podría decirse, pues, que el problema no es
encontrar el significado intelectual del universo y de las leyes,
sino integrar este conocimiento en la conciencia: conciencia más
vasta que el puro conocimiento y que engloba los sentimientos,
incluido el sentimiento de sí mismo. Es en mí, por mí, para mí,
que deseo hacer del conocimiento una parte viva de mí y algo
absolutamente extraño.
Un
gran neurobiólogo, Antonio Damasio, nos ayudará a dar cuerpo a esta
idea aún vaga, a la luz de recientes resultados en el campo del
cerebro y de la conciencia. He aquí lo que dice:
"La
idea más sorprendente (surgida de las investigaciones sobre estos
temas) es, quizás, el hecho de que la conciencia se origina en un
sentimiento. [...] La idea de que la conciencia sería un sentimiento
de conocimiento concuerda con los resultados que hemos podido obtener
sobre las estructuras cerebrales que se le asocian más
estrechamente. [...] Arraigando la conciencia en el sentir podemos
explicar el sentimiento de sí mismo. [...] Situar el origen de la
conciencia en el sentimiento nos lleva a interrogarnos por la
naturaleza íntima del sentir. ¿De qué están hechos los
sentimientos? (Notemos que el autor ha descrito antes el soporte
biológico, humoral, de las emociones, que son más primarias que los
sentimientos). ¿De qué son percepción los sentimientos? ¿Hasta
dónde podemos explorarlos? En la actualidad aún no es posible dar
una respuesta plena a estas preguntas. [...] Pudiera ser que la
conciencia humana exigiera la presencia de sentimientos" 28
Los
mecanismos neuronales del sentir, de los sentimientos y de su
utilidad biológica y existencial serán también explorados y
explicados a partir del descubrimiento de las neuronas espejo por
parte de Marco Iacoboni y su equipo de investigaciones.
-
o -
¿Por
qué se piensa?
Porque
el pensamiento es otra herramienta más con la que la materia viva
cumple los imperativos de la evolución: supervivencia, reproducción
y adaptación.
Y
porque ese es el sendero para que el Homo-Humano realice su anhelo de
futuro, el espíritu, aquello que su naturaleza le exige: extender
sus manos hacia las estrellas.
-
o -
Y
un último espacio para ilustrar:
Y
ese cuerpo inventa (o crea, según el gusto) las extensiones de las
que hablaba Marchall McLuhan, por
medio de las cuales establece, desarrolla y extiende su Ser y Estar
en el mundo.
Y
la mayor y más humana de esas extensiones es la que describe
Nietzsche:
"El
cuerpo creador se creó el espíritu como una mano de su voluntad".
"[...]
Espíritu - es la vida que muerde en la propia carne ¡en su
padecimiento acrecienta su saber!" (Nietzsche, Así habló
Zaratustra, I, De los despreciadores del cuerpo).
He
ahí la "Experiencia primordial", el espíritu, que es el
Gran Anhelo de futuro:
Anhelo:
Deseo vehemente de conseguir alguna cosa.
Anhelo
que para Spinoza es el conatus:
"PROPOSICIÓN
IX
El
alma [mens], ya en cuanto tiene ideas claras y distintas, ya
en cuanto las tiene confusas, se esfuerza por perseverar en su ser
con una duración indefinida, y es consciente de ese esfuerzo suyo"
(Ética, II).
Lo
que se explicaría, también y según Spinoza, que el
hombre se definirá por su anhelo y, en general, todas las cosas por
su conatus.
Esta
ley del conatus
es general para toda la naturaleza, aunque sólo en el hombre alcance
la dimensión vital, existencial y psicológica que las palabras
"perseverar, duración, esfuerzo", parecen conllevar.
Pero,
también y según Antonio Damasio:
"El
anhelo es un rasgo profundo de la mente humana. Esta implantado en el
diseño del cerebro humano y en el acervo genético que lo engendra,
no menos que los rasgos profundos que nos conducen con gran
curiosidad hacia una exploración sistemática de nuestro propio ser
y del mundo que lo rodea; los mismos rasgos que nos impulsan a
construir explicaciones para los objetos y situaciones de este mundo.
El origen evolutivo del anhelo es completamente plausible, pero la
explicación necesita otro factor para que uno pueda comprender por
qué la constitución humana acabó por incorporar el rasgo. Creo que
en los seres humanos primitivos funcionó un parecido factor de la
misma manera que está funcionando ahora. Su consistencia tiene que
ver con el poderoso mecanismo biológico que hay tras él: la misma
empresa natural de autopreservación que Spinoza enuncia de forma tan
clara y trasparente como esencia de nuestro ser, el conatus,
es llamado actuar cuando nos enfrentamos a la realidad del
sufrimiento y, en especial, de la muerte, real o anticipada, ya sea
la nuestra o la de los que amamos. La perspectiva misma del
sufrimiento y la muerte trastorna el proceso homeostático del
espectador. La empresa natural para la autopreservación y el
bienestar responde al trastorno con una lucha para evitar lo
inevitable y corregir el equilibrio. La lucha provoca que encontremos
estrategias compensadoras para la homeodinámica que se ha desviado
del camino recto; y el darse cuenta de toda la situación
comprometida es causa de profunda aflicción" (Antonio
Damasio, En busca de Spinoza. Neurobilogía de la emoción y los
sentimientos, Crítica, Barcelona, 2009, p. 249).
Es
en ese contexto en el que, por un "calentamiento cerebral",
concentración extrema de la atención, motivado por la imperiosa
necesidad de resolver una situación agobiante, se sucede "una
experiencia excepcional" de naturaleza biológica, anímica o
intelectual, por la que se provoca y produce una conformación
emergente, breve o duradera, de un nuevo sistema de circuitos y
conexiones neuronales nuevas, en los que se involucran otros
sistemas, circuitos y conexiones, existentes o se reactivan otros que
estaban inactivos o habían sido eliminados, causando un estado de
exaltado entusiasmo gozoso y de regocijo.
-
o -
Bibliografía
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Llinás, I of the Vortex: From Neurons to Self, Bradford Books, MIT
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2009.
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Jean-Pierre
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Louann
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S. Vygotski, Obras escogidas, Visor, 1991.
Alex
Kozulin, La psicología de Vygotski, Alianza, Madrid, 1994.
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hombre, La galaxia Gutemberg.
Ramón
Román Alcalá, El enigma de la Academia de Platón. Escépticos
contra dogmáticos en la Grecia Clásica, Berenice, Córdoba, 2007.
John
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Bogotá, 2006.
Mircea
Eliade, El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, Fondo de
Cultura Económica, México, 1986.
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Riane
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1999.
Francisco
Mora, El dios de cada uno, Alianza, Madrid, 2011.
Gilbert
Ryle, El concepto de lo mental.
Jean-Marie
Schaeffer, El fin de la excepción humana, Fondo de Cultura
Económica, Buenos Aires, 2009.
Albert
Ribas Massana , Biografía del vacío. Su historia filosófica y
científica desde la Antigüedad a la Edad Moderna, Sunya, Barcelona,
2008.
Iván
Rodrigo García Palacios, Sensaciones epicúreas, Medellín, 2012.
Iván
Rodrigo García Palacios, Lectura y escritura con todos los sentidos,
Medellín, 2011.
1Cuando
utilizo la palabra sentimientos lo hago con su sentido en inglés:
feelings, porque, en español esa palabra tiene otras
connotaciones.
2
Ver: Ramón Román Alcalá, El enigma de la Academia de Platón.
Escépticos contra dogmáticos en la Grecia Clásica, Berenice,
Córdoba, 2007, nota: nota: p. 61.
3
Ver: Susan Greenfield, ¡Piensa! ¿Qué significa ser humano en un
mundo en cambio? Ediciones B, Barcelona, 2009, p. 97:
“La
mente es la personalización del cerebro a través de una
conectividad neuronal única, impulsada a su vez por experiencias
únicas; si es así, estarán de acuerdo en que si tenemos acceso
directo al cerebro, y cambiamos su configuración física,
trasformaremos inevitablemente la mente”.
4
Sobre los códigos físico-químicos, ver: Susan Greenfield,
¡Piensa! ¿Qué significa ser humano en un mundo en cambio?
Ediciones B, Barcelona, 2009, p. 36:
“[...]
la acción física de un neurotransmisor (…), su función real es
más bien la propia de un lenguaje: un medio indirecto de
comunicación. Los transmisores, como los lenguajes, son de muchos
tipos distintos, y como los lenguajes encajan en una taxonomía,
aunque en el caso de los transmisores ésta se basa en la identidad
química, de un gas diminuto como el óxido nítrico a un gran
fragmento de proteína, un péptido como el opiáceo natural de la
encefalina. Pero lo más importante de todas estas artimañas
bioquímicas es que la neurona es mucho más que una estación de
transmisión pasiva”.
5
Considero cultura todo aquello que el Homo-Humano inventa a partir
de su cuerpo, es decir, lo que no es estrictamente producido por la
mecánica biológica. Algo así como las extensiones que propuso
Marshal McLuhan.
6
La materia posee memoria físico-química y en la materia viva
(bios) esta memoria es biológica, genética, metabólica,
fisiológica. Son las mismas memorias que luego el cerebro
interpreta y convierte en imágenes sensoriales, las que la mente
expresa en sonidos, signos, señales, símbolos, etc.: la cultura.
7
Como lo definía Spinoza y las modernas neurociencias lo están
demostrando, mente y cuerpo son atributos paralelos, manifestaciones
de la misma sustancia (Ética, parte I), para luego agregar:
"PROPOSICIÓN
XIII
"El
objeto de la idea que constituye el alma (mens) humana es un
cuerpo, o sea, cierto modo de la Extensión existente en acto, y no
otra cosa" (Spinoza, Ética, II, Proposición XIII).
8
Conocer y saber son dos actividades diferentes pero relacionadas.
9
Sobre este tema existen numerosos estudios. Recomiendo el libro de
Paolo Rossi, Clavis Universalis. El arte de la memoria y la lógica
combinatoria de Lulio a Leibniz, Fondo de Cultura Económica,
México.
10
Louann Brizendine, El cerebro femenino, RBA, Barcelona, 2007, p. 23.
La autora es médica, neurobiologa y neuropsiquiatra.
11Francisco
Mora, El dios de cada uno, Alianza, Madrid, 2011. El autor es
neurobiologo.
12Mircea
Eliade, El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, Fondo
de Cultura Económica, México, 1986.
13
Diccionario RAE: Aporía
(Del griego: ἀπορία, dificultad de pasar). Filosofía: -
Enunciado que expresa o que contiene una inviabilidad de orden
racional. - Dificultad lógica insuperable de un
razonamiento o de su conclusión: Zenón de Elea propuso varias
aporías en defensa de las tesis de Parménides contra el
movimiento.
14
Gilbert Ryle, El concepto de lo mental: El mito de Descartes. La
doctrina oficial:
"Existe una doctrina sobre
la naturaleza y localización de lo mental que prevalece tanto entre
los teóricos y aun entre los legos que merece ser considerada la
doctrina oficial. La mayoría de los filósofos, psicólogos y
religiosos aceptan, con algunas reservas, sus tesis básicas y,
aunque les reconocen dificultades teóricas, suponen que ellas
pueden ser superadas sin que la arquitectura de la teoría cambie.
Se sostendrá aquí que los principios centrales de la doctrina son
incorrectos y se contradicen con lo que sabemos acerca de la mente
cuando no especulamos sobre ella.
La doctrina oficial, que procede
principalmente de Descartes, sostiene que, excepto en el caso de los
idiotas y de los recién nacidos, todo ser humano tiene un cuerpo y
una mente. Algunos preferirán decir que todo ser humano es un
cuerpo y una mente. El cuerpo y la mente están unidos, pero después
de la muerte del cuerpo la mente puede continuar existiendo y
funcionando.
El cuerpo humano está en el
espacio, sujeto a las leyes mecánicas que gobiernan a todos los
cuerpos espaciales, y sus procesos y estados pueden ser controlados
por observadores externos. De este modo, la vida corporal es algo
público, como lo es la vida de los animales y reptiles y aun el
desarrollo de los árboles, cristales minerales y planetas.
Pero la mente no se encuentra en
el espacio ni sus funciones están sujetas a leyes mecánicas. Las
operaciones de la mente no son observables y su desarrollo es
privado. Sólo yo puedo tener conocimiento directo de los estados y
procesos de mi propia mente. En consecuencia, toda persona vive dos
historias paralelas: una está formada por lo que le acaece a su
cuerpo y la otra por lo que le acaece a su mente. La primera es
pública; la segunda, privada. Los eventos que forman la primera
historia pertenecen al mundo físico; los de la segunda, al mundo
mental".
15Jean-Marie
Schaeffer, El fin de la excepción humana, Fondo de Cultura
Económica, Buenos Aires, 2009, pp. 13:
“[...] desde hace por lo menos
un siglo y medio, sabemos, más allá de toda duda razonable, que
los humanos son -que nosotros somos- seres vivientes entre otros
seres vivientes (con todo lo que esto implica) y que la unidad de la
humanidad es la de una especie biológica. Por lo tanto, también
sabemos que la llegada a la existencia de la humanidad se inscribe
en la historia de lo viviente en un planeta de mediana dimensión de
“nuestro” sistema solar. Esta historia y su muy larga
prehistoria nos han formado, y en principio, y ante todo, somos uno
de los episodios de esta evolución que no es sólo nuestro pasado,
sino también nuestro presente y nuestro porvenir. Al mismo tiempo,
no podríamos separarnos del conjunto complejo e inestable de las
formas de vida que coexisten actualmente sobre la Tierra. Esta vida
no humana constituye mucho más que nuestro “entorno”: ella es
constitutiva de nuestro ser, que no es otra cosa que una de sus
encarnaciones pasajeras.
Sin
embargo, la concepción de la humanidad que sirve de ayuda a una
parte no desdeñable de aquellos que se proponen estudiar al ser
humano desde una perspectiva filosófica o en su dimensión social y
cultural opone una negativa categórica y radical a esa
comprobación. Ella afirma que el hombre constituye una excepción
entre los seres que pueblan la Tierra, incluso que constituye una
excepción entre los seres -o el ser- a secas. Esta excepción, nos
dice, se debería al hecho de que, en su esencia propiamente humana,
el hombre poseería una dimensión ontológica emergente, en virtud
de la cual trascendería a la vez la realidad de las otras formas de
vida y su propia “naturalidad”.
16
Ver: Iván Rodrigo García Palacios, Lector Ludi No. 68:
http://lectorludi.blogspot.com/
17Para
explicarse la naturaleza de la Naturaleza y la naturaleza de su Ser
y Estar en el mundo, el Homo-Humano inventa los códigos con los
cuales ordenar, organizar, memorizar y asignar sentido a lo que
percibe y siente, en un proceso exponencial y ascendente de acuerdo
con la complejidad de cada materia a codificar.
Un código es la articulación
sistematizada de señales, signos o símbolos, arbitrarios con el
cual se representa un orden u ordenamiento de las cosas de acuerdo
con la asignación de sentido a la unidad de una materia y regido
por normas preestablecidas.
El conocimiento es la
codificación de los elementos y partes de una materia según un
código preestablecido.
El saber es la acumulación del
conocimiento codificado con un determinado código.
18Para
explicarse la naturaleza de la Naturaleza y la naturaleza de su Ser
y Estar en el mundo, el Homo-Humano inventa los códigos con los
cuales ordenar, organizar, memorizar y asignar sentido a lo que
percibe y siente, en un proceso exponencial y ascendente de acuerdo
con la complejidad de cada materia a codificar.
Un código es la articulación sistematizada
de señales, signos o símbolos, arbitrarios con el cual se
representa un orden u ordenamiento de las cosas de acuerdo con la
asignación de sentido a la unidad de una materia y regido por
normas preestablecidas.
El conocimiento es la codificación de los
elementos y partes de una materia según un código preestablecido.
El saber es la acumulación del conocimiento
codificado con un determinado código.
19
Ramón Román Alcalá, El enigma de la Academia de Platón.
Escépticos contra dogmáticos en la Grecia Clásica, Berenice,
Córdoba, 2007, nota: p. 61:
"A la luz de las investigaciones
neurofisiológicas actuales, podríamos argumentar con razón que
las cosas tal como nosotros las percibimos son invenciones,
construcciones nuestras, y por tanto los académicos tenían razón,
y con ellos todo el escepticismo, al afirmar que asentimos a la
percepción y no a la cosa misma. Todas las células sensoriales, ya
sean sensibles a la luz, táctiles o cualquiera de los demás
receptores relacionados con sensaciones de calor, frío, sonido,
etc., son ciegas a la calidad de la excitación y responden
únicamente a la cantidad de aquella. Es más, como diría Von
Foester, eminente biofísico y experto en computación en biología,
ahí afuera (refiriéndose a lo que llamamos realidad fuera de
nuestro cerebro) "no hay luz ni color, sólo existen ondas
electromagnéticas; tampoco hay "allí afuera", sonido ni
música, sólo existen fluctuaciones periódicas de la presión del
aire; "allí afuera" no hay ni calor ni frío", en
resumen, es nuestro sistema nervioso el que computa una realidad
estable que no sabemos exactamente cómo es, por lo que la fantasía
kataleptiké, de existir, sólo existirá como tal en nuestro
cerebro y no podrá acudir a la cosa exterior como verificación de
su verdad, cf. VON FOESTER, Heinz, "Construyendo una realidad",
en La realidad inventada, WATZLAWICK, Paul et al., Barcelona, 1988,
pp. 38-56, principalmente p. 42. No querríamos entrar aquí en un
nuevo fenómeno producido por los desarrollos de la informática,
como es la realidad virtual, pero está claro que los estoicos
tendrían muchos problemas para activar este criterio en la
actualidad, y mucho más en el futuro inmediato".
20Eros,
el dios sin padre, la fuerza de la generación y la degeneración,
algo así como la entropía. Afrodita, diosa del Deseo/Amor, la
fuerza que atrae y une.
21
Digo deseo en lugar de amor y espíritu en lugar de alma, porque
amor y alma son términos que están condicionados por una alta
carga ideológica. En cambio, deseo y espíritu, aunque son también
términos complejos, son conceptos más filosófica y
científicamente pertinentes.
22
Ignacio Gomez de Liaño, Mundo, magia, memoria, Biblioteca Nueva,
Madrid, 2007, p. 28-29
23
Sobre el Espíritu ya me he expresado en las Cartas eleusinas.
24Albert
Ribas Massana, Biografía del vacío. Su historia filosófica y
científica desde la Antigüedad a la Edad Moderna, Sunya,
Barcelona, 2008.
25Diógenes
Laercio, Vida de Epicuro, Libro X, de las Vidas de los filósofos
ilustres, citado por Emilio Lledó, El epicureísmo, Taurus, Madrid,
1995, pp. 87.
26Diógenes
Laercio, Vida de Epicuro, Libro X, de las Vidas de los filósofos
ilustres, citado por Emilio Lledó, El epicureismo, Taurus, Madrid,
1995, pp. 93-94.
27Diógenes
Laercio, Vidas de los filósofos más ilustres, Traducción del
griego: Carlos García Gual, Alianza, Madrid, 2007.
28
Georges Charpak y Roland Omnès, Sed sabios, convertíos en
profetas, Anagrama, Barcelona, 2005, pp. 165-166.
Antonio R. Damasio, La sensación de lo que
ocurre, Debate, Barcelona, 2001, capítulo 11.

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