Iván Rodrigo García Palacios
La mente es la memoria sensorial del cuerpo, el escenario de la imaginación, donde se despliegan las emociones y los sentimientos, actúa el pensamiento y juegan los recuerdos y los sueños
La
memoria del Homo-Humano es el resultado de la evolución biológica,
pero es la evolución cultural la que determina la evolución de la
memoria humana. De la salud en la formación y desarrollo de la
memoria depende la salud existencial del Homo-Humano y de la
humanidad.
La memoria del cuerpo
humano, la de la mente, al igual que las memorias artificiales,
evolucionan genética, epigenética y culturalmente.
Las evoluciones genética y
epigenética, se suceden sobre el genoma humano en respuesta tanto a
los cambios ambientales como culturales. La evolución cultural se
sucede por y en las extensiones de si mismos que los humanos inventan
y desarrollan como respuestas adaptativas y expansivas en los modos y
maneras de superar sus necesidades. Los eventos de esas evoluciones
se "memorizan", operan y se expresan en la memoria de la
materia biológica y en la memoria de la mente. La memoria de la
mente es tanto homeodinámica, como instintiva, apetitiva, emocional
y cultural.
Estas evoluciones operan en
los niveles de la naturaleza humana:
Nivel metabólico: el
sistema homeostático que regula el estado biológico del cuerpo.
Nivel instintivo: regula los
instintos imperativos de supervivencia, reproducción y adaptación.
Nivel apetitivo: que regula
la atracción y rechazo de las sensaciones.
Nivel emocional: que regula
la atracción y rechazo, las reacciones ante las circunstancias y
situaciones en las que se desenvuelve el individuo.
Nivel sentimental: que
regula la interpretación, comprensión y respuesta que el individuo
realiza sobre los estímulos que lo afectan.
El nivel intelectivo será
aquel que el individuo desarrolla a partir del desarrollo y
funcionamiento de la mente y de la memoria.
De esta forma, se puede
decir que el Homo-Humano posee dos memorias:
Una es la memoria natural
que es tanto memoria biológica y epigenética, la memoria de la
materia de su cuerpo, así como memoria cultural, que es la memoria
que su mente construye con la información y datos de los estímulos
que percibe su cuerpo y que, finalmente, procesa con el pensamiento.
Otra es la memoria
artificial que es aquella que su mente construye tanto a partir de
los códigos que ha inventado como de los artefactos, los medios, que
ha construido para conservar, preservar y procesar las informaciones
y datos.
La evolución de la
expansión de la memoria:
La memoria es la formación,
conservación y procesamiento, de imágenes virtuales por parte del
cerebro, a partir de las sensaciones, y las que constituyen la mente
que siente, imagina y piensa, esa memoria se expresa a través de los
medios propios del cuerpo o por aquellos medios que inventa y
desarrolla como extensiones del cuerpo.
La memoria sensorial se
expandió y expresó por medio de sonidos y gestos: cantos y danzas.
La memoria de gestos y
señales, se expandió por medio de signos y símbolos: las pinturas
y tallas.
La memoria escrita, se
expandió por la invención de códigos articulados de signos que se
conservan o graban en un medio físico.
Memoria audiovisual, es el
desarrollo científico y tecnológico de artefactos para grabar y
reproducir sonidos e imágenes.
Memoria virtual: es aquella
extensión del cuerpo que se equipara a la memoria mental, inventada
y desarrollada por las ciencias y las tecnologías.
Si
bien la historia de la memoria del Homo-Humano empieza con la
evolución biológica, es sólo cuando el cerebro se ha desarrollado
que se hace humano en todo sentido, hasta el punto que se hace
consciente de tener conciencia, es decir, cuando siente que siente y
recuerda lo que siente y actúa a partir de ello.
La
memoria es la capacidad de conservar, almacenar, procesar y
trasmitir, datos, informaciones, imágenes (cuando se habla de
imágenes me refiero a que la sensación percibida es convertida en
impresión sensorial: visual, auditiva, olfativa, de gusto o táctil,
bien independiente o combinada una con otras o con todas), para su
uso posterior y será determinada por los mecanismos de conservación,
almacenamiento, procesamiento y uso.
Una
es la memoria biológica y otra es la memoria cultural. La primera es
la propiedad y cualidad de la materia y de los organismos vivos de
almacenar y usar las sensaciones de sus experiencias internas y
externas para regular su estado y sus reacciones cuando esas o
similares experiencias se les presentan. La segunda es aquella
habilidad que los organismos dotados de cerebro tienen para inventar
códigos con los cuales conservar, almacenar, procesar y usar, los
datos e informaciones codificados y almacenados tanto en el cerebro
como en los artefactos inventados y dispuestos para ello.
Los
mecanismos de memoria del cerebro están constituidos por circuitos y
cadenas neuronales que se forman por programación genética, por
acción epigenética o por actividades que se realizan y en los que
se conservan los datos y las informaciones de las sensaciones
producidas por las percepciones de actos y situaciones que los
afectan, los cuales se activan cuando la situación memorizada se
vuelve a presentar bien sea física y concretamente provocada o bien
cuando es provocada por una evocación o por la simulación de una
experiencia similar o por necesidad emocional, sentimental o
intelectual.
Estos
mecanismos de la memoria funcionan en los distintos niveles del
organismo: en el nivel primario o metabólico, es decir, la
homeostasis, que regula el estado del organismo. En los niveles
emocionales, es decir, en el de las reacciones instintivas,
apetitivas y de las emociones que se encargan de la preservación y
protección del individuo y su confrontación con los otros y con el
mundo. En el nivel de los sentimientos y de las actividades
intelectuales superiores, es decir, en su identidad e identificación
con los otros y con el mundo. A partir del último nivel, se
desarrolla la memoria artificial, es decir, la conservación y
almacenamiento de las imágenes, datos e informaciones, creados
mediante los códigos culturales, la cual funciona en el cerebro y en
los artefactos desarrollados para ello: gestos, pinturas, lenguajes,
escrituras, gráficos, lecturas, etc., así como en los artefactos
construidos para ello: rocas, cortezas, pieles, tablillas, papiros,
papel, medios de grabación de sonidos e imágenes, etc.
Por
las neurociencias se sabe que los organismos, desde el más simple
hasta el más complejo, perciben y convierten en sensaciones todo
contacto interno y externo que los afecta y guardan memoria de ellas
para así organizar y condicionar sus reacciones, la reactividad. Es
a partir de esa memoria o repertorio de sensaciones que determinan
sus acciones y actividades.
Si,
según los descubrimientos de las neurociencias, la mente es la
memoria sensorial del cuerpo, serán, entonces, esa mente y esa
memoria el fundamento biológico y existencial de la humanización y
de lo que nos hace ser humanos: una mente que se hace consciente de
estar en el espacio y en el tiempo, y se expande hacia el universo
por medio del conocimiento.
También
he afirmado que los organismos operan a partir de códigos: los unos,
físico-químicos, los más primarios, que son los que operan la
actividad cerebral y son el "sistema operativo" de la mente
y, los otros, los códigos artificiales, virtuales, los más
complejos.
Ahora
me interesan los códigos virtuales, los que son de dos clases:
La
primera, la de aquellos códigos que procesan lo que el cuerpo
percibe, los estímulos, y que producen las sensaciones para
convertirlas en impresiones (visuales, sonoras, olfativas, táctiles
y gustativas), o sea, en imágenes: la conciencia de sentir, a partir
de lo cual el cuerpo procede a manejar sus reacciones: instintivas,
apetitivas, emocionales, sentimentales, intelectuales y creativas, se
hace consciente.
La
segunda, la de los códigos artificiales, aquellos que el Homo-Humano
inventa para organizar las sensaciones y darle expresión a l0 que
sienten sus sentidos e inventar expresiones, es decir, los códigos
para comunicar, compartir, comparar, memorizar, lo que siente, por
medio de lo cual proyecta y extiende su Ser y Estar en el mundo.
Es
así como el contacto, el estímulo, se convierte en la sensación,
que se convierte en imagen, que se convierte en código, que se
convierte en emoción, que se convierte en sentimiento, que se
convierte en pensamiento, que se convierte en extensión (acción y
lenguaje): mirar-ver, oír, tocar, hablar-cantar y saborear, actuar
(manufacturar, dibujar, escribir, calcular, construir, explorar,
experimentar, inventar, etc.), a partir de lo cual se inventa su sí
mismo y a sí mismo e inventa y construye la cultura.
En
este contexto, son, también, dos las memorias, la memoria natural y
la memoria artificial, las que si bien están estrechamente
conectadas y relacionadas, son dos campos de exploración diferentes,
El primero, el de la memoria natural, es asunto de las neurociencias
y el que me interesa porque de su formación y desarrollo depende la
salud existencial del Homo-Humano. El segundo, el de la memoria
artificial, una curiosidad histórica 1
que me interesa porque fue Giordano Bruno quien, con sus propuestas
de un Arte de la Memoria y el poder de la imaginación, intuyó o
anticipó, por un lado, lo que ahora funciona como internet y por el
otro, algunos de los conceptos y mecanismos mentales que ahora
exploran las neurociencias.
La
historia y el desarrollo del Arte de la Memoria, mnemotecnia, debió
comenzar mucho antes que aquella historia que se atribuye a Simónides
y de toda la importancia que los antiguos griegos le daban a
Mnemosine, de lo contrario, poco sería lo que se recuerda de
todos aquellos que antes que ellos, conservaron y trasmitieron los
recuerdos de sus mentes y culturas e inventaron los sistemas y
mecanismos para memorizarlos, preservarlos y trasmitirlos.
Sin
embargo, son las historias que se remontan a los antiguos griegos y
las que de allí siguieron, las más documentadas y trasmitidas, las
que parecen marcar todos los estudios que se realizan sobre el Arte
de la Memoria y su evolución y desarrollo en los últimos 2.500
años, lo cual no tiene nada de malo, salvo que, con mínimas
excepciones, muy poco se avanzó en la exploración sobre la propia
naturaleza de la mente que memoriza y recuerda por dar prelación a
los mecanismos de memorizar y recordar, prácticamente. Es así como
toda la información y tratados sobre la mnemotecnia, se concentran
en esa mecánica, a veces, fenomenológica y que, sólo como
intuición, se refieren a la naturaleza biológica y psicológica de
la memoria, lo que las neurociencias actuales están reivindicando.
Son
también, entonces, dos las aproximaciones a la historia de la
memoria. La una, la de la mnemotecnia o Arte de la Memoria dedicada a
los métodos de memorizar y recordar. La otra, y la que me interesa,
la mente como memoria sensorial del cuerpo, esa que actualmente
exploran las neurociencias y la que también tiene sus antecedentes
en la antigüedad, así sea como meras intuiciones, pero a las que no
se siguió un desarrollo consecuente, tal el caso de lo planteado por
Platón, Aristóteles y Epicuro y que Giordano Bruno asimiló en las
propuestas de su Arte de la Memoria y el poder de la imaginación.
Platón
ya plantea las diferencias entre los dos concepciones de la memoria.
Primero, en Fedro (274 d y ss.) el célebre mito de Theuth
y Thamus con el cual hace su polémica critica a
la escritura como medio de memoria. Segundo, en Fedón (96 b), ya
citado antes, plantea la memoria a partir de las sensaciones:
"¿O ninguno de
estos factores, sino que el cerebro es quien presenta las sensaciones
del oír, ver, y oler, y a partir de ellas puede originarse la
memoria y la opinión, y de la memoria y la opinión, al afirmarse,
de acuerdo con ellas, se origina el conocimiento?" 2.
Aristóteles dedica un
tratado a sus consideraciones sobre la memoria y también considera a
las sensaciones como inicio de la memoria.
Para Epicuro, tal y como lo
interpreta Diógenes Laercio, la memoria se forma a partir de las
sensaciones (aistheseis), las cuales forman las prenociones
(prolépseis), la base de los recuerdos:
“(33) La prólepsis
(prenoción, impresión, impronta, “imprintig”), dicen los
epicúreos, es como una comprensión (katálepsis), una
opinión recta, un pensamiento (énnoia), una noción general
que está en nosotros como un recuerdo (mnéme), de lo que
muchas veces se nos ha presentado desde fuera. Por ejemplo, aquello
que se me está presentado de esa manera es un hombre. Porque en el
momento mismo en que se dice hombre, gracias a la prólepsis,
se piensa, al mismo tiempo, en su imagen genérica (týpos),
según las sensaciones que antes se han tenido. Para todo hombre,
pues, aquello que es primeramente significado en él se nos presenta
como evidente. Y nosotros no podríamos llevar adelante investigación
alguna, si no tuviéramos ya de antemano algún conocimiento. Por
ejemplo, cuando decimos: ¿aquello que hay allí es un caballo o un
buey? Porque para hacer tal pregunta es preciso haber conocido alguna
vez la forma (morphé) de caballo o de buey. No podríamos,
pues, nombrar cosa alguna, si antes no conociésemos, por medio de la
prólepsis, su imagen genérica, su týpos. Las
prolépseis son, pues, evidentes” 3
Epicuro es, en esta
historia, el único que ofrece un ámbito, unas condiciones y unas
concepciones adecuadas para el desarrollo saludable del Homo-Humano y
en particular, para la formación saludable de la memoria, que es el
asunto que me interesa.
Giordano Bruno, inspirado en
Epicuro, también considera que la memoria se forma a partir de las
sensaciones y de lo que será mejor para una saludable formación del
individuo:
"Sólo en virtud de
aquellas cosas que preexisten en nosotros conseguimos no sólo las
imágenes, sino también las formas, virtudes, y en suma la sustancia
en aquello que se participan y comunican. Así, por lo conocido
adquirimos el conocimiento de lo desconocido... Por lo que tenemos
poseído y concebido de antemano logramos aquello de lo que carecemos
y deseamos. Sólo recoge el que sembró, y al que nada tiene nada se
le dará... Conviene por consiguiente que haya previamente algunos
principios y semillas de donde nazca la ilimitada abundancia de las
imágenes y las cosas imaginables" (Giordano Bruno, De Imaginum,
signorum et idearum compositione).
En
algunas de las propuestas de Giordano Bruno es posible asimilar su
descripción y funcionamiento de la memoria, con la de la mente como
imagen (idea: eîdos
y forma: morphē)
o la mente como memoria del cuerpo, que será lo que luego Spinoza
expondrá en su Ética y que las actuales neurociencias estudian,
como ya se dijo antes.
1
Sobre este tema existen numerosos estudios. Recomiendo el libro de
Paolo Rossi, Clavis Universalis. El arte de la memoria y la lógica
combinatoria de Lulio a Leibniz, Fondo de Cultura Económica,
México.
2
El primero en afirmar que el cerebro, y no el corazón o el
diafragma, era el centro de la actividad intelectual, fue Alcmeón
de Crotona. Sostuvo, además, que «todas las percepciones están
estrechamente vinculadas con el cerebro», según testimonia
Teofrasto.
3
Diógenes Laercio, Vida de Epicuro, Libro X, de las Vidas de los
filósofos ilustres, citado por Emilio Lledó, El epicureismo,
Taurus, Madrid, 1995, pp. 93-94.